Por estos días que tenemos campañas electorales en su máximo esplendor, ya que se avecinan elecciones a cuerpos colegiados nacionales y a la primera magistratura del poder político, es bueno que en este espacio volvamos a referirnos a la cercanía que siempre ha existido entre los políticos y los artistas, de una u otra manera.
A algunos de nuestros artistas vallenatos más populares, los ha entusiasmado la política; ya conocemos el caso del Jilguero de América, Jorge Oñate, quien no solo estuvo en las corporaciones públicas regionales, sino que también tuvo su “palomita” en el Congreso; la permanente aspiración de Miguel Morales por ser alcalde de Valledupar.
Uno de los actuales candidatos a la Presidencia fue corista de una afamada agrupación vallenata; Lidio García, muy activo candidato por esta región, fue cantante vallenato mucho antes de llegar a ser presidente del Senado. Por solo mencionar unos casos.
También varios artistas nuestros han decidido en épocas electorales meterse a realizar proselitismo político abiertamente, como lo ha hecho en algunas ocasiones “Poncho” Zuleta, con micrófono en mano a favor de determinado candidato, aunque con sus propias expresiones también se le haya “volteado la arepa”.
Silvestre Dangond en ocasiones ha dejado ver sus afinidades ideológicas y la cercanía con candidatos de otras épocas e, inclusive, con alguno de los de ahora; sin embargo, lo hemos notado muy parco en esta oportunidad. Algunos dicen que ha madurado bastante y se dio cuenta de que eso resta más seguidores de los que suma.
Es indiscutible que a los políticos y candidatos les encanta y les conviene recibir el apoyo de un artista y ojalá que este lo manifieste públicamente en tarimas, como suele ocurrir en el caso de las elecciones para autoridades locales, en las que muchos artistas se apuntan con los candidatos más opcionados, saludándolos tanto en tarima como en sus grabaciones, para luego recibir a cambio contratos de presentaciones en vivo.
Recuerdo que ya hace unos años el Poeta de Villanueva, Rosendo Romero Ospino, manifestó en una red social lo siguiente: “Los artistas vallenatos no deberían meterse en temas políticos, y más bien, dedicarse a hacer lo que saben: música”.
Sin duda que los buenos políticos cuentan con habilidades histriónicas, bailan y hasta cantan, así no lo hagan tan bien, pero todo con el firme propósito de sostener una relación más cercana y familiar con el elector.
Considero que la música vallenata en sus primeras etapas estuvo más ligada a la política que ahora, desde la canción que Pedro Nolasco le compuso al presidente Olaya Herrera por los años treinta, pasando por la garra de águila que le regaló a Escalona el presidente Guillermo León Valencia, de Armando Zabaleta y Rafael Escalona, quien le compuso y cantó bastante a su amigo Alfonso López Michelsen.
Por esta época, al candidato a la Cámara de Representantes por el Cesar, Alfredo Ape Cuello, ya le piden fotos y autógrafos como si fuera un famoso cantante vallenato o una estrella del fútbol, y dicen que está más pegao que su propio mentor.
Colofón: De los carnavales que se hacían en Valledupar solo queda el recuerdo; se ven por las calles algunos con el rostro lleno de maizena, pero las casetas y los bailes con artistas en vivo se encuentran en vía de extinción. La nostalgia se nota en algunos mayores y muchos jóvenes intentan mantener las tradiciones.
Por: Jorge Naín Ruiz Ditta





