COLUMNA

La labor del docente: entre la vocación y la urgencia de una política educativa transformadora

Se requiere una política integral que coloque al docente en el centro de la transformación educativa.

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Más allá de acompañar procesos educativos, la labor del docente colombiano debe entenderse como un trabajo de construcción diaria de sociedad: formar ciudadanos críticos, acompañar procesos emocionales, adaptarse a realidades diversas y sostener la esperanza en un país que aún arrastra profundas desigualdades educativas.

Sin embargo, esa vocación se ejerce hoy en condiciones que exigen una mirada política urgente. Los docentes enfrentan sobrecarga administrativa, aulas masificadas, falta de recursos pedagógicos suficientes y, en muchos casos, un sistema de salud del magisterio que sigue generando quejas por trámites lentos, atención deficiente y respuestas insuficientes ante las necesidades reales. Esa realidad no puede seguir normalizándose.

Es cierto que se han logrado avances importantes, y hay que reconocerlos. Gracias a las luchas históricas del magisterio organizado, a la persistencia de FECODE y a las mesas de negociación con el Gobierno Nacional, se han conquistado incrementos salariales —como el ajuste del 7,4 % para 2026 que combina el IPC, la nivelación y la bonificación—, procesos de ascenso y reubicación que beneficiaron a más de 26.000 docentes en la última evaluación, la formalización de miles de plazas temporales en planta definitiva y diálogos específicos para estabilizar el modelo de salud del magisterio. Estas conquistas, fruto de la negociación sectorial y estatal, demuestran que cuando hay voluntad política y presión organizada, es posible avanzar en la dignificación de la profesión.

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