Muchas veces nos preguntamos por qué le va mejor a ciertas personas que aparentemente no se esfuerzan en la vida, pero, curiosamente logran obtener mejores resultados que nosotros. Solemos observar que algunos, en medio de la tranquilidad, resuelven problemas rápidamente, mientras otros, se esfuerzan en vano; algunos hacen las cosas sintiendo que su vida es una bendición, y otros, sintiendo que cada día están peor.
La vida es como cuando nos aplican una inyección, si estamos relajados y tranquilos, el medicamento ingresa sin ningún dolor; al soltarnos y confiar en el proceso, todo se resuelve. Si un estudiante se encuentra en el colegio o en la universidad, ansioso, preocupado, o predispuesto, creyendo que todo es difícil y complicado, la inyección del conocimiento no ingresará y será muy doloroso estudiar y aprenderse todas las lecciones.
Cuando los padres llegan a casa, después de una larga jornada laboral, suelen llevar encima todo el estrés de su trabajo, llegan tan cargados de preocupaciones, ansiedad y desespero, que no reciben con agrado, las inyecciones con gritos de alegría de sus hijos, los deseos de salir a jugar, comer algo rico o, tan solo, de escucharlos hablar. Existen personas tan predispuestas, con relación a que los niños agotan, que terminan agotados antes de tiempo, por prejuicios, por no aprender a salir del trabajo física y mentalmente, por no saber llegar a casa, pensando que todo es una bendición.
Pensemos en dos personas, ambas se levantan todos los días a la misma hora, pero mientras una lo hace pensando que será un día genial, y bendice su vida, su familia, su trabajo y todo lo que emprenda, la otra maldice, es decir, habla mal de su familia, su trabajo, y todo lo que hace. Por cierto, maldecir no es sólo gritar diciendo: “yo te maldigo”, no, maldecir es hablar mal de alguien, así como bendecir, no es sólo decir: “Dios te bendiga”, es hablar bien de las personas, decretar cosas buenas para sus vidas. Sigamos con el ejemplo, ambas personas preparan el desayuno, pero mientras una siente que es una esclava de los hijos, o se siente mal por estar sin pareja, la otra prepara el desayuno sintiéndose afortunada de poder preparar sus alimentos y comer lo que le gusta. Ambas personas llegan a trabajar, y ambas reciben de sus jefes la devolución de un informe mal elaborado; mientras una agradece al jefe por la corrección y arregla el informe sintiendo que está aprendiendo, la otra persona realiza las correcciones, sintiéndose bruta, o que el jefe la tiene entre ojos.
Dos personas, hacen lo mismo, pero no piensan, ni sienten lo mismo. Con los años, la persona feliz y optimista, que bendice su vida, alcanzará todas sus metas y le dará las gracias a Dios, por cumplirle todos sus sueños. La otra persona, estará cada día más ansiosa, estresada y quejumbrosa, pensando que todo el mundo es culpable de sus desgracias, ya que piensa, que siempre ha hecho lo correcto.
Hoy te reto a seguir haciendo lo mismo en tu vida, pero sintiendo bonito. Te invito a bendecir todo, a dar gracias por tus pies si debes caminar en lugar de conducir un carro lujoso, a sonreír ante las críticas y comprender que cada persona tiene una historia que contar; te invito a creer en el poder de la fe, que es más fuerte que las acciones. De lo contrario, no creeríamos en un Dios que no vemos, pero sí podemos sentir.
Por: María Angélica Vega Aroca / Psicóloga
