Muchas veces nos preguntamos por qué le va mejor a ciertas personas que aparentemente no se esfuerzan en la vida, pero, curiosamente logran obtener mejores resultados que nosotros. Solemos observar que algunos, en medio de la tranquilidad, resuelven problemas rápidamente, mientras otros, se esfuerzan en vano; algunos hacen las cosas sintiendo que su vida es una bendición, y otros, sintiendo que cada día están peor.
La vida es como cuando nos aplican una inyección, si estamos relajados y tranquilos, el medicamento ingresa sin ningún dolor; al soltarnos y confiar en el proceso, todo se resuelve. Si un estudiante se encuentra en el colegio o en la universidad, ansioso, preocupado, o predispuesto, creyendo que todo es difícil y complicado, la inyección del conocimiento no ingresará y será muy doloroso estudiar y aprenderse todas las lecciones.
Cuando los padres llegan a casa, después de una larga jornada laboral, suelen llevar encima todo el estrés de su trabajo, llegan tan cargados de preocupaciones, ansiedad y desespero, que no reciben con agrado, las inyecciones con gritos de alegría de sus hijos, los deseos de salir a jugar, comer algo rico o, tan solo, de escucharlos hablar. Existen personas tan predispuestas, con relación a que los niños agotan, que terminan agotados antes de tiempo, por prejuicios, por no aprender a salir del trabajo física y mentalmente, por no saber llegar a casa, pensando que todo es una bendición.





