Ilustrar un estudio analítico sobre la situación de la agricultura en Colombia, y el papel que en ella jugamos las mujeres, siendo un descarnado panorama de desigualdad y violencia, pero también de inmensas posibilidades de superar las problemáticas existentes, es un reto de incertidumbre y a la vez esperanzador, que no podía resolverse sin eso que muchas artistas llaman, musa, o energía mística, o sensibilidad creativa.
Afortunadamente y como regalo de la divinidad, afloraron esas imágenes que intentan retratar, lo que viven, sienten y esperan las mujeres en nuestra ruralidad colombiana.
Y no es ajena esa identidad que corre en las venas como un río, somos indígenas y campesinas y afrodescendientes, por ancestralidad y oficio dadas nuestras condiciones sociales, económicas, geográficas y hasta políticas.




