Timochenko, último jefe de las Farc, anda de paseo por Europa. Fue condenado en el llamado Macrocaso 1, referente a la “toma de rehenes, graves privaciones a la libertad y otros crímenes concurrentes” cometidos por las Farc.
La sentencia en segunda instancia, que confirma la condena inicial, quedó en firme el pasado 1 de julio, y establece ocho años de “sanción” a la que la JEP llama “trabajos, obras y actividades con contenido restaurador-reparador”. Los condenados, se suponía, solo podrían moverse en Bogotá y los ocho departamentos donde deben hacer los trabajos y obras ordenados. Así las cosas, los miembros del Secretariado, responsables de al menos 21.396 secuestros documentados que se le atribuyen a las Farc, no pagarán ni un solo día de cárcel y no tendrán ninguna restricción seria de la libertad.
No por ello deja de ser muy grave que, sin que hubieran pasado diez días tras su sentencia, la JEP haya autorizado a Timochenko para viajar a Europa. Solo reafirma la idea de que las supuestas “sanciones propias” son mentirillas que no se corresponden con la gravedad de los crímenes internacionales cometidos, que existe impunidad de facto y que la JEP solo hace de mampara para esconderla.
