COLUMNA

El retén al desarrollo

Cuando los concejos municipales del Cesar aprobaron la creación de las secretarías municipales de tránsito, el argumento fue convincente: movilidad ordenada y menos vidas perdidas en las vías. Era difícil votar en contra. El problema es que, en varios municipios, esa misión se fue corriendo silenciosamente hacia otra cosa: dejaron de mirar hacia adentro, hacia […]

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Cuando los concejos municipales del Cesar aprobaron la creación de las secretarías municipales de tránsito, el argumento fue convincente: movilidad ordenada y menos vidas perdidas en las vías. Era difícil votar en contra. El problema es que, en varios municipios, esa misión se fue corriendo silenciosamente hacia otra cosa: dejaron de mirar hacia adentro, hacia el peatón, la moto y sus elementos de seguridad, los baches del pueblo, y empezaron a mirar hacia afuera, hacia la vía nacional que apenas roza su perímetro.

El caso más visible es La Paz. Una carga que sale de Bogotá recorre casi 900 kilómetros y pasa sin mayor contratiempo por La Vega, Villeta, Guaduas, Honda, Puerto Salgar, La Dorada, Puerto Boyacá, Sabana de Torres, San Alberto, San Martín, Aguachica, Pelaya, Pailitas, Curumaní, La Jagua, Becerril, Codazzi y San Diego, 18 municipios que la dejan seguir. Y es justo al llegar a la tierra de las almojábanas donde se detienen estos vehículos de carga, “entre motociclistas sin casco, sin chaleco reflectivo, con sobrecupo y muchos sin lámpara delantera”. Y los detienen no por exceso de velocidad, por adelantar en doble línea u otra maniobra peligrosa; no. Los funcionarios de movilidad muestran preocupación por la letra cursiva de la placa pintada en la puerta, la linterna con las baterías gastadas, la fecha del extintor o el botiquín e incluso el desgaste de las llantas, en la práctica, terminan realizando toda una revisión tecno mecánica digna del mejor CDA . Hasta por el registro sanitario y el certificado de manipulación de alimentos de quien transporta alimentos. Transportadores nos cuentan que ya evitan traer carga a Valledupar o que suben la tarifa para cubrir ese “peaje” adicional que no aparece en ningún tarifario. Y surge una pregunta obligada: con ese nivel de minuciosidad, ¿por qué no conocemos reportes de ese mismo puesto sobre carga de carne proveniente de abigeato o de carneo clandestino, delitos que vienen creciendo en esta zona? Si hay tiempo para revisar la tipografía de una placa, debería haberlo para lo que de verdad amenaza al campo y a los ganaderos del Cesar.

Esto no es un detalle menor para una ciudad en desventaja logística. Valledupar casi no genera carga de retorno, así que el transportador sigue hasta Santa Marta o Barranquilla para no volver vacío, y termina siendo más costoso traer mercancía, aun estando a 150 kilómetros más cerca de los centros de producción. Con el Cesar en el puesto 21 entre 32 departamentos en competitividad, no podemos darnos el lujo de que un trámite mal enfocado espante al comercio que necesitamos atraer.

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