El Premio Nobel de Economía de este año reconoce trabajos pioneros sobre cómo la innovación, el emprendimiento y la destrucción creativa impulsan el crecimiento económico sostenido. El Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas 2025, en memoria de Alfred Nobel, fue otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por sus investigaciones complementarias sobre cómo las sociedades generan progreso tecnológico y prosperidad a largo plazo.
Los economistas clásicos de los siglos XVIII y XIX, como Robert Solow, Paul Romer, Daron Acemoğlu y James A. Robinson, así como Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, no han sido reconocidos ni galardonados por desarrollar investigaciones basadas en falsas dicotomías ideológicas para distraer a la gente. En sus aportes hay una idea que enfatiza la historia económica y sus momentos de limitaciones al intercambio de conocimientos entre países en un mundo caracterizado por sus tensiones, gestoras de obstáculos al proceso virtuoso de innovación continua.
Mientras los responsables políticos de todo el mundo se enfrentan a un lento crecimiento de la productividad y al creciente populismo, les haría bien revisar las reflexiones de estos galardonados.
El riesgo de bloqueo que pueden generar los grupos de interés debido a los adelantos tecnológicos, o las empresas dominantes en algún mercado que afecten la lógica de competencia continua, junto con la geopolítica y la geoestrategia, favorecen la incomprensión de la realidad, pero cumplen un rol preponderante para construir el imaginario de que se trata de un debate entre izquierda y derecha, conceptos caducos, y no de un mecanismo conflictivo que construye un enemigo, para disputarse el poder hegemónico, mientras que los ciudadanos como resaltaba el filósofo Jason Brennan, “la política los convierte en enemigos situacionales”. Es decir, surgen en situaciones no voluntarias en las que unos solo ganan en la medida en la que otros pierden.
Estados Unidos, la mayor potencia del planeta, está al borde de una crisis que podría arrastrar a todo el sistema financiero mundial, debido a su deuda que es superior a 36 billones de dólares. Esta situación no antes vista habilita una estrategia planteada por John Cassidy: “cada vez que el Estado está al borde del precipicio, el gran gobierno ha intervenido para salvarlo”. El lema del juego es “capitalismo gestionado” y ha sido una máquina en marcha durante más de 200 años. Tremenda contradicción, por lo menos conceptual. Mientras los críticos del capitalismo creen que el capitalismo se puede reformar, en ascenso, la China Comunista, como un bólido, está en ruta de convertirse en el nuevo hegemón de la economía mundial.
No obstante, en muchos lugares de conversación es común escuchar que “el socialismo acabó con Venezuela, lo mismo hizo con Cuba y la misma consecuencia, tendrá Nicaragua”. Esta triada es la de mayor análisis en los corrillos políticos y es utilizada por los que considero traidores intelectuales; intuyo que no han leído a los críticos del capitalismo, ni han meditado sobre la pregunta más recurrente en toda la economía: “por qué algunas naciones son ricas mientras que otras siguen siendo pobres”. Entender estas variables es más profundo que la reducción que culpabiliza a la falsa dicotomía que convoca el debate político ideologizado. En el interregno la inflación borra la clase media, llena de rabia a los ciudadanos y construye populismos. En ese péndulo se mueve América Latina.
Por: Luis Díaz.
