Recientemente murió un conocido en La Paz y me sorprendió que sus pobladores no acudieron masivamente a acompañarlo en la despedida de su viaje final pese al liderazgo ejercido por él, durante más de 50 años, consiguiendo obras de beneficio social para los pacíficos. Como dicen en el pueblito de Jorge Oñate: muy baja la asistencia, por ende, el velorio quedó malo. Al indagar por lo sucedido, me comentaron que su pueblo le otorgó un veto de castigo dado que él no cumplía.
Mi madre, pacífica de racamandaca, siempre le he escuchado que los pacíficos castigan si uno no los acompaña a las exequias de un familiar, por ello, siempre es cumplida, trata de no deber un solo pésame; la idea es que cuando muera la gente acuda máximamente a su entierro.
Por supuesto que mi madre sueña con un sepelio voluptuoso, con asistencia extrema de todos los habitantes de la comarca, desea que sus honras fúnebres se realicen al buen estilo Diomedes Díaz, y que en peregrinación asistan muchos conocidos realizando plegarias al creador e invocándola en sus oraciones para que sea recibida por Dios en el reino de los cielos.





