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Hacia un Nuevo Modelo de Infraestructura y Gestión Pública en Valledupar

La modernización del Estado no podría considerarse como un modelo meramente abstracto que habita exclusivamente en los libros de teoría política o en las reformas burocráticas del nivel central.

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La modernización del Estado no podría considerarse como un modelo meramente abstracto que habita exclusivamente en los libros de teoría política o en las reformas burocráticas del nivel central; es, ante todo, una realidad tangible que debe manifestarse en la infraestructura física donde se materializa la relación entre el ciudadano y el poder público. En este contexto, Valledupar enfrenta hoy una disyuntiva histórica inexcusable. Es continuar operando bajo un modelo de dispersión administrativa anacrónico o dar el salto cualitativo hacia la consolidación de un verdadero Centro Administrativo Municipal (CAM). Sería un acto imperativo de gobernanza para una ciudad intermedia que ha desbordado, con creces, la capacidad operativa de sus actuales instalaciones.

Quienes analizamos la administración pública con rigor técnico, entendemos que la infraestructura gubernamental cumple una doble función: operativa y simbólica. En lo operativo, la actual dispersión de las sectoriales de la Alcaldía de Valledupar constituye una hemorragia silenciosa de recursos públicos. El modelo vigente, caracterizado por la atomización de dependencias en inmuebles arrendados y diseminados por la geografía urbana, genera sobrecostos operativos insostenibles que van desde la duplicidad en servicios de vigilancia y mantenimiento, hasta la ineficiencia logística en el transporte de documentación y personal. Ergo, el costo más elevado es social y transaccional, que se le traslada al ciudadano. El vallenato de a pie se ve obligado a realizar un peregrinaje burocrático, desplazándose de un barrio a otro para completar trámites que, bajo una lógica de eficiencia, deberían resolverse en una ventanilla única integral.

Existe un precedente valioso en la memoria administrativa de la ciudad: la muy oportuna iniciativa gestada durante la administración Castro, la cual planteó con mucho acierto la necesidad de esta centralización física. Desafortunadamente, las vicisitudes políticas o la falta de continuidad en las políticas de Estado —ese mal endémico de nuestra cultura política— impidieron su materialización. No obstante, la pertinencia técnica de aquel proyecto permanece intacta y, de hecho, se ha vuelto más urgente. La actual sede de la plaza Alfonso López, aunque cargada de historia y simbolismo, ya no responde a las dinámicas de una capital en expansión. La estructura física actual limita la implementación de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) de vanguardia, obstaculizando el camino hacia el Gobierno Digital y la smart city que Valledupar merece ser.

Es menester comprender que el entorno físico condiciona el comportamiento organizacional. Un funcionario público que opera en instalaciones hacinadas, tecnológicamente obsoletas y desconectadas de otras áreas vitales, difícilmente podrá ofrecer el servicio de excelencia que demandan los fines esenciales del Estado. La creación del CAM a la percepción ciudadana no lo podemos entender como un simple edificio; es la reingeniería del aparato público local. Un complejo administrativo moderno permite la interoperabilidad real entre secretarías, fomenta la transparencia al centralizar la atención al usuario y dignifica la labor del servidor público. Asimismo, proyecta hacia el exterior la imagen de una ciudad organizada, competitiva y preparada para los retos del siglo XXI. Es la dignificación de Valledupar por la calidad de los espacios donde se gestiona su destino.

Desde la perspectiva del urbanismo y la planeación territorial, un Centro Administrativo Municipal actúa como un detonante de renovación urbana. Al concentrar la oferta institucional, se libera presión sobre otras zonas de la ciudad, se optimiza la movilidad y se puede generar, alrededor del nuevo complejo, un ecosistema de servicios complementarios que dinamice la economía local. Sería una valiosa inversión con una tasa de retorno social y financiera comprobable a mediano y largo plazo. La racionalización del gasto corriente (arriendos y servicios dispersos) liberaría recursos que podrían destinarse a inversión social, cerrando así un círculo virtuoso de gestión fiscal responsable.

Por lo tanto, en el actual escenario preelectoral, resulta fundamental que los aspirantes al primer cargo municipal eleven el nivel del debate. Se necesitan con urgencia proyectos estructurales de alto impacto. La construcción del CAM debe ser una prioridad transversal en los planes de gobierno de los candidatos serios. Quien pretenda gerenciar a Valledupar debe entender que la modernidad no se improvisa y que la eficiencia administrativa requiere de un continente adecuado para su contenido.

Es hora de superar la nostalgia por una administración parroquial y asumir el reto de construir la infraestructura para la metrópoli en ciernes que somos. Valledupar necesita, y exige, una casa de gobierno que esté a la altura de su historia, pero, sobre todo, a la altura de su futuro. El Centro Administrativo Municipal es la piedra angular para esa transformación; ignorarlo es condenar a la ciudad al estancamiento administrativo y a la ineficiencia perpetua.

Por Jesús Daza Castro

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