COLUMNA

¡Goleada!

A Gustavo Petro en Washington lo golearon. La misma higiene con la que el presidente Donald Trump extrajo a Nicolás Maduro de su búnker en Caracas, la aplicó en esta conversación, producto de un llamado desesperado de Petro para que lo recibieran. Esta visita no fue oficial; la comitiva colombiana ingresó a la Casa Blanca […]

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A Gustavo Petro en Washington lo golearon. La misma higiene con la que el presidente Donald Trump extrajo a Nicolás Maduro de su búnker en Caracas, la aplicó en esta conversación, producto de un llamado desesperado de Petro para que lo recibieran. Esta visita no fue oficial; la comitiva colombiana ingresó a la Casa Blanca por una puerta lateral, sin halagos, sin himnos, sin saludos de cañón. A su salida, con la gorra roja de MAGA en la mano, Petro fue recibido por sus funcionarios en un salón aledaño con aplausos. ¿Por qué aplaudían? ¿Porque su líder se arrodilló al imperio? ¿Porque desdibujó 40 años de lucha armada y política? No, nada de eso; celebraban por volverlo a ver, sabían que podía no haber sido así. Petro bajó los brazos, se entregó a los Estados Unidos y Trump, entre chiste y chanza, le leyó la cartilla y así le aseguró a esta Colombia herida y descuadernada, elecciones libres, decencia de ahora en adelante y, entre otras cosas, un futuro diferente, como el que les está ofreciendo en paralelo a Venezuela, Irán, Cuba y Nicaragua.

Trump está haciendo historia y Petro, temblando del miedo, le ha permitido seguir escribiéndola a su manera. Cómo hemos disfrutado todo esto. Esas genuflexiones petristas tienen a los mamertos al borde del colapso. Ya su líder —su guerrillero preferido del M-19— demostró que sus ideas caen al vacío, carecen de fuerza y, al mejor estilo de la Unión Soviética y del muro de Berlín, no generan valor a las sociedades, a la humanidad, solo tiranía y pobreza. Trump pisoteó a Petro, lo trató como a un gusano que da asco pero que es útil en las plantaciones para evitar plagas. Desde lo de Maduro, quienes en el planeta tienen rabo de paja no se despegan de los hidrantes, y Petro y compañía están en ese combo. ¿La canciller por allá? Qué despropósito. Se les olvidó a esos funcionarios mediocres y poco preparados todo aquello por lo que han luchado, así sus vidas personales no reflejen esa lucha. Se fueron a respirar el aire “gringo”, a comer hamburguesas y a hacer compras en outlets antes de que se les venza la visa de tres días que les expidieron. Qué ridículo ha hecho esta banda de Petro; lo celebramos a la distancia, el futuro será mejor para Colombia después de este papelón.

Mientras tanto, el 10 de febrero, subo al quinto piso. Nací un martes en 1976 y cumplo 50 años un martes también. Es un número relevante que me tiene pensativo, reflexivo, en un tono de balances, de una vida que en 600 meses arroja unos resultados. Sin duda estar acompañado de mi familia y amigos, de quienes me quieren, es el mejor aliciente. Personas importantes para mí, como mi papá y mis cuatro abuelitos, ya no nos acompañan en este plano. Hemos vivido experiencias maravillosas, hemos recorrido más de medio mundo, he crecido como ser humano y como profesional.

En un orden aleatorio, quiero hablarle a algunas personas desde el momento emocional que estoy viviendo: a mi esposa, gracias por el camino que venimos transitando hace 15 años; a Frida, nuestra perrita, gracias por el amor incondicional que nos expresas todos los días y por cuidarnos a costa de tu propio bienestar; a mi mamá, gracias por no dejar de serlo, por siempre estar pendiente de nosotros; a Tata, por darme motivos para ser un buen ejemplo para otros, por la vida increíble que hemos compartido. Al resto de mi familia, solo agradecimiento; a mis amigos los abrazo a la distancia y les reconozco que de ellos he aprendido y que, con ellos, he crecido.

A los colegios y universidades donde he laborado, gracias por darme la oportunidad de brillar y generar valor, gracias por su confianza y por apostar por este abogado que se enamoró de la educación; a mis estudiantes y compañeros de trabajo en estos años, gracias por su respeto y admiración constantes; el hacer que sus vidas sean mejores ha sido mi motor. A EL PILÓN, gracias por abrirme sus páginas y permitirme opinar sobre cómo veo la realidad. A Dios, gracias infinitas por arroparme siempre y por las bendiciones recibidas y por recibir. A la vida solo gracias; ha sido maravillosa conmigo y con quienes me rodean.

Por Jorge Eduardo Ávila

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