COLUMNA

Es mejor que no me ames

El amor no se necesita ni se busca; el único amor que necesitamos es el propio

canal de WhatsApp

Muchas guerras se generan con ocasión de la paz, asesinatos en nombre de la Iglesia y muchas locuras con la excusa del amor. Se suele caer en el error de que alguien hace algo porque se enamoró, que tomó y se emborrachó por un sentimiento, que realizó mil imprudencias por sentir mariposas en el estómago, dando a entender que el amor es ciego, torpe, inconsciente e impulsivo, cuando en realidad todos esos actos hablan más del amor que se tiene a sí mismo que del amor que se siente por alguien más.

Algunas personas suelen aceptar golpes, gritos, humillaciones, abandono, entre otros actos que afectan la integridad física, emocional, psicológica y espiritual, después de escuchar un “te amo”, como si fuese la excusa perfecta para seguir denigrando a otra persona, cuando en realidad se están ignorando todas las heridas emocionales de aquel que dice sentir tanto amor. “Si me dejas, te mato”; “te fui infiel porque habíamos discutido”; “si no estás conmigo, vuelvo a tomar, robar y matar”. Dudo que se trate del amor de alguien; se trata más bien de la adicción que lo controla, el polo a tierra que lo frena o el tanque de oxígeno que lo mantiene con vida.

Cuando te enamores, en lugar de ver lo que esa persona hace por ti, fíjate muy bien en todo lo que hace por sí misma, ya que ello definirá la vida que tendrás a su lado. Es preciso prestar atención al tipo de relación que mantiene con sus familiares, a su proyecto de vida, a sus hábitos diarios y a sus elecciones cada mañana; si no puede cuidar de sí mismo, no podrá cuidar de alguien más. Lo mismo debemos hacer cada uno de nosotros antes de buscar a quién amar: ese primer amor debe ser uno mismo, para así no depender de otro tanque de oxígeno que durante un momento crítico se agote y ninguno de los dos cuente con alguien que los recargue.

Ser papá o mamá tampoco es tarea fácil. En algunas ocasiones, el miedo y el control disfrazado de amor y cuidado crea adultos tan frágiles e inseguros que por dentro están gritando: “ya no me ames más, mamá”. Sin amor propio no se puede dar amor; sin tomar buenas decisiones en nuestra vida, no se sabe cómo apoyar al otro cuando tome las suyas. Quien no se controla, se descontrolará al ver la calma que mantiene el otro, y quien no sabe decir no, humillará de mil formas a quien quiere poner límites y hacerse respetar.

El amor no se necesita ni se busca; el único amor que necesitamos es el propio. Quien considere que necesita un amor o que quiere enamorarse, da a entender que se encuentra en un estado de abandono y necesita que otro abandonado lo rescate, toda vez que alguien que se ame no lo hará. Cuando hay amor propio no se busca amor, se encuentra; cuando se encuentra el amor, ya no hay lucha, no hay confrontación ni miedo. Cuando el amor se encuentra, se comparte, se disfruta, se crece y florece. No busques un amor que no sea el tuyo, no esperes conocer a alguien sin antes conocerte a ti mismo y sanar, toda vez que el amor se encuentra cuando es genuino y desea dar todo lo que tiene, en lugar de obsesionarse con todo lo que al otro le quiere quitar.

María Angélica Vega Aroca / Psicóloga

TE PUEDE INTERESAR