El fervor popular que hoy sacude las entrañas de Colombia no es un simple capricho electoral ni un fenómeno pasajero. Es el rugido ensordecedor de una nación que se resiste a morir; el grito de un pueblo harto que exige, sin titubeos, recuperar los valores fundacionales que la corrección política y el progresismo pretendieron enterrar.
Colombia está viviendo un quiebre histórico. Millones de patriotas han encontrado en Abelardo de la Espriella, “El Tigre”, no solo a un candidato indomable, sino al comandante de una resistencia moral y política.
El Contundente respaldo popular en la primera vuelta, con más de diez millones de votos, es el reflejo de años de humillación y hartazgo ante una izquierda miserable que ha intentado desmantelar nuestra fe, destruir la familia y criminalizar el trabajo honrado para imponer su agenda de dependencia y miseria.





