No sé cuándo se romperá el romance de la gran prensa nacional con el presidente Abelardo De la Espriella o si definitivamente solo tendremos cuatro años de halagos mediáticos. Cierto es que han pasado pocos días desde la posesión presidencial y sería injusto evaluar una gestión que apenas comienza, pero en lo poco también se puede ir analizando el talante y filosofía del mandatario.
Ojalá objetivamente como es la obligación del buen periodista, registrando las diferentes caras de la noticia y no simplemente convirtiéndose en un activista político más, motivado por pasiones, resentimientos, intereses económicos o posturas ideológicas, dejando a un lado la indeclinable responsabilidad de escribir la real historia de los pueblos. La profesión de periodismo es una de las más liberales, por eso éticamente no se les permitie preferir los esquemas sociales, en los que una tradicional minoría con sus privilegios, decide por todos.
En este contexto el maestro Juan Gossaín dijo que el periodista debe ser desconfiado con los boletines de prensa, analizar lo que el funcionario de turno quiere que se diga, por esto afirmó: “Puede que un gobernante no coincida con mi ideología, pero eso no importa, mi deber como periodista es informar la verdad” y en ese sentido sentenció: “El único guardián verdadero de la sociedad es el periodismo”, en consonancia con sus principios éticos a saber: “La verdad, la imparcialidad, la independencia y el rigor para trabajar”.





