La mayoría de las empresas, independientemente del sector, destinan recursos económicos a charlas, talleres y entrenamientos, con el objetivo de mejorar las competencias técnicas que tienen que ver con la operatividad del trabajador; pero también en áreas de competencias blandas como trabajo en equipo, liderazgo, comunicación, entre otros; todo esto con el fin de aumentar la productividad y por supuesto obtener una mayor rentabilidad del negocio.
Lo anterior se entiende, porque es algo que se puede medir más fácilmente: si yo tengo un trabajador preparado técnicamente, con certeza va a desempeñarse mejor en lo que hace; o si tengo un empleado al mando de un grupo, me interesa que esté capacitado para mantener una buena comunicación con el equipo y que sepa liderar a las personas.
Uno de los principales retos de cualquier gobierno, que tiene que ver con la salud pública, es cómo mantener la salud de las personas, no solo previniendo las enfermedades si no que cualquier enfermedad salga lo menos costosa posible. Las razones pueden ser muchas: un trasfondo humano por preservar la vida, controlar el presupuesto, garantizar que las personas se mantengan productivas para soportar el sistema, por mencionar algunas. Todo lo anterior, está presente desde que la humanidad vive en comunidad, entendiendo que cada integrante hace algún aporte y cuya recompensa es que todos tengan garantizado un techo, el alimento y la seguridad, como tres de las principales necesidades básicas. Tener una salud óptima es requisito indispensable para que esto sea posible.




