Søren Kierkegaard, en su libro “O lo uno o lo otro”, relató la historia de un payaso que salió desesperado de un circo en llamas para pedir ayuda al pueblo. Corría, gritaba, suplicaba que acudieran antes de que el incendio se extendiera. Pero llevaba puesto su traje de payaso. Los habitantes, al verlo maquillado y vestido para divertir, interpretaron su angustia como parte del espectáculo que acostumbraba a presentar ante el pueblo. Lo aplaudieron, rieron y celebraron su aparente actuación. Cuando comprendieron que no era una comedia sino una advertencia, el fuego ya había consumido el circo y alcanzado el pueblo.
Esa parábola parece escrita para nuestro ambiente político actual al describir muchas democracias contemporáneas y que desde una mirada crítica, hay quienes consideran que Colombia atraviesa una situación semejante bajo un gobierno al que se califica con mucha razón como de orientación seudocomunista: un gobierno que, según sus opositores, críticos y detractores, ha privilegiado la confrontación y el conflicto sobre la gestión, el discurso de emociones engañosas sobre los resultados, y la polarización sobre los consensos.
Se señala el deterioro de la seguridad, la incertidumbre económica, la entrega del país al desorden, el debilitamiento institucional, la corrupción sin límites, el robo descarado y sin pudor, la simplificación de los problemas bajo la farsa y el creciente desencanto de amplios sectores de la población.
