El fenómeno del fracking estuvo en auge en Colombia en administraciones pasadas, por la falta de conciencia sobre la destrucción que genera y la ausencia de voluntad política para prohibirlo y resarcir a las comunidades afectadas.
El fracking es una práctica ligada a las economías extractivistas, que implica perforaciones, excavaciones, contaminación y búsqueda a toda costa de riqueza en territorios donde habitan comunidades campesinas, minorías étnicas, afrodescendientes, etc., socavando el medio ambiente y las formas de subsistencia de aquellas.
Es decir, que bajo el falso slogan de traer riqueza, lleva ruina a dichas comunidades, además de afectar sus derechos a la vida, la salud, el trabajo y la igualdad, porque contamina las fuentes hídricas, arrasa con la tierra cultivable, es nocivo para la fauna y la flora, etc.




