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“Divide et vince”: la estrategia que podría decidir la presidencia

La vieja máxima latina Divide et vince —divide y vencerás— suele atribuirse a estrategas del poder romano como Julio César, aunque su lógica ha atravesado siglos de política.

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La vieja máxima latina Divide et vince —divide y vencerás— suele atribuirse a estrategas del poder romano como Julio César, aunque su lógica ha atravesado siglos de política. Hoy vuelve a aparecer con inquietante claridad en el escenario electoral colombiano.

Los resultados de las consultas recientes revelan más que simples cifras: muestran el estado real de las fuerzas políticas y, sobre todo, la fragilidad de ciertos proyectos personales disfrazados de movimientos ciudadanos.

La llamada Gran Consulta por la Vida, donde se proyecta vencedora Paloma Valencia, exhibe una votación considerable. Cinco millones de votos en la consulta por Colombia no son un dato menor, no son una opinión: representan una base política tangible, un caudal electoral que pesa y que marca presencia en el tablero nacional.

En contraste, la denominada “consulta por la vida” impulsada por Roy Barreras termina convertida en un experimento fallido. Ni siquiera medio millón de votos. Un resultado que golpea no solo al propio Barreras sino también al proyecto político que intentó articular junto a Daniel Quintero, cuya presencia confirma una regla política elemental: la visibilidad no siempre es liderazgo. Lo que se presentó como una apuesta estratégica terminó pareciendo improvisación y cálculo errado.

Algo similar ocurre con la llamada “consulta por las soluciones” promovida por la exalcaldesa de Bogotá Claudia López. El resultado es igualmente pobre. Las urnas no acompañaron el relato. Cuando una consulta apenas moviliza votantes, el mensaje es claro: el liderazgo que se proclama no necesariamente existe en la realidad electoral.

Mientras tanto, en otro frente aparece la inasible figura de Iván Cepeda Castro, representante de la izquierda más ideológica y ad latere al entorno político del presidente Gustavo Petro con su consolidado Pacto Histórico. Su aspiración presidencial podría apoyarse precisamente en la vieja lógica romana: dividir a sus adversarios para ganar.

Porque el verdadero fenómeno político no está en los experimentos fallidos, sino en la fragmentación del campo opositor. Si Paloma Valencia —representante del uribismo— continúa su camino así mientras irrumpe el discurso radical de Abelardo De la Espriella, el resultado puede ser una dispersión fatal del voto.

El egocentrismo político, cuando se vuelve estrategia, termina siendo un lujo peligroso. De la Espriella, con su tono extremo y su protagonismo desbordado, debería preguntarse si su presencia fortalece o fractura el espacio político que pretende representar. De lenguaje virulento y craso error insistir en que no gobernará para los ciudadanos colombianos que voten por Cepeda. Ironizar sobre los menos uno por ciento de las encuestas le pasó factura.

Porque hoy el hecho político real parece moverse en otro eje: el protagonismo de Valencia y la creciente visibilidad de Juan Daniel Oviedo. Allí se está configurando una disputa con bases electorales más claras.

Las consultas fallidas dejan una enseñanza brutal: la política no se sostiene con discursos grandilocuentes ni con egos inflados. Se sostiene con votos. Y cuando las urnas hablan, el maquillaje retórico se derrumba. Caricaturescos Roy y Quinterito; empero, Claudia López y estos sumarán un millón de votos a Cepeda.

Si la oposición insiste en dividirse, la izquierda no necesitará grandes maniobras. Bastará aplicar la fórmula clásica: dividir para vencer. Y entonces, mientras unos compiten entre sí, otro llegará a la presidencia caminando por el espacio que dejaron abierto.

La historia política está llena de derrotas causadas por la fragmentación. Colombia parece acercarse peligrosamente a repetirla.

A la carga, entonces, para ganar en primera vuelta: menos encuestas, menos vanidades políticas y más claridad estratégica. Porque en política, como en Roma, quien divide… suele terminar venciendo.

Por Hugo Mendoza

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