COLUMNA

Dichos populares y la realidad petrista

La sabiduría popular se las trae y “si uno tiene rabo de paja, no se debe acercar a la candela”. Eso fue precisamente lo que sucedió con Gustavo Petro y su famosísima llamada al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Puedo imaginar al guerrillero, sentado a manteles con Benedetti en la Casa de Huéspedes de […]

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La sabiduría popular se las trae y “si uno tiene rabo de paja, no se debe acercar a la candela”. Eso fue precisamente lo que sucedió con Gustavo Petro y su famosísima llamada al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Puedo imaginar al guerrillero, sentado a manteles con Benedetti en la Casa de Huéspedes de Cartagena de Indias, analizando lo sucedido con Nicolás Maduro, y estando ambos, Petro y Benedetti, en la llamada Lista Clinton. “Blanco es, gallina lo pone y frito se come”. 

Proyectaron una situación similar, en la que marines americanos se soltaban de cuerdas atadas a los helicópteros sobre los techos de la Casa de Nariño, entraban a la residencia presidencial y, sin mediar palabra, capturaban a Petro, lo subían a una aeronave y desaparecían en el horizonte bogotano. Eso habría sido así, ni más ni menos. A la luz de las velas, mediada la conversación por whisky y uno que otro porro, llegaron a la decisión de “agachar la cabeza” y llamar a Washington para “ponerse de tapete”. Bien hecho señor Petro, era un tema de subsistencia, el orden mundial cambió a favor de “los buenos” desde el 3 de enero pasado y usted, siendo de los muy malos, corría peligro, lo tuvo que reconocer, “se tragó el sapo”, llamó y, contrario a lo que sus enceguecidos seguidores esperaban, “le vendió el alma al diablo”.  Trump no juega con la geopolítica mundial, la está reconstruyendo, eso está claro, y Petro y sus secuaces -varios latinoamericanos-, al igual que Maduro, tienen una celda esperándolos en el país del norte.

Es un verdadero triunfo de la derecha lo que está sucediendo. En buena hora personajes como Trump, el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y congresistas como María Elvira Salazar, Carlos Giménez y Rick Scott, están en posiciones de poder activas para presionar a los regímenes a recomponer su camino. Ya pasó en Venezuela y se viene Irán. Ambas son excelentes noticias para el planeta, menos pobreza, menos miseria, menos corrupción y menos malandros gobernando. 

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