COLUMNA

Después de las urnas, empieza Colombia

Terminada la contienda electoral, el desafío es gobernar para todos los colombianos, respetar las instituciones, fortalecer la democracia y priorizar las soluciones a los grandes problemas nacionales por encima de las diferencias políticas

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Me disculpan pero lo tengo que reiterar porque, de manera oficial, hay una nueva realidad política. El Consejo Nacional Electoral concluyó el escrutinio, oficializó los resultados y entregó las credenciales al nuevo presidente y vicepresidente de la República. En una democracia, ese momento marca el final de la competencia electoral y el comienzo de una responsabilidad mucho mayor: gobernar para todos los colombianos.

Ya dije que no acompañé la candidatura de Abelardo De La Espriella. Mis convicciones y mi visión del país estuvieron en otra orilla, pero las mayorías decidieron dentro de las reglas constitucionales y lo que corresponde no es prolongar la confrontación sino respetar la voluntad popular y fortalecer las instituciones que hacen posible nuestra convivencia.

No soy amigo personal del nuevo presidente. Lo conozco en el trato cordial porque compartimos amigos comunes, y en ese saludo espontáneo que en el Caribe resumimos con un sencillo “¿quiubo y qué hay?”. Pero sí mantuve durante muchos años una amistad con el estratega de la campaña Carlos Suárez, que con el paso del tiempo se fue distanciando más por decisión suya que por iniciativa mía. Aun así, vivo agradecido de que, cuando personalmente le solicité su apoyo, puso su experiencia política al servicio de la campaña de mi hijo Jorge Luis, para elegirlo concejal de Bogotá.

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