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Descubre el otro lado de la moneda

Padres, colegios, universidades, empresas y hasta la sociedad en general definen a las personas como buenas o malas, como eficientes o ineptas, aptas o no aptas, compatibles o incompatibles.

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Padres, colegios, universidades, empresas y hasta la sociedad en general definen a las personas como buenas o malas, como eficientes o ineptas, aptas o no aptas, compatibles o incompatibles, desconociendo que cada persona es perfecta, que cada ser humano tiene un poder; pero la ignorancia nos llena de miedo y, en lugar de descubrir nuevos mundos, preferimos rechazar lo desconocido y llenarnos de prejuicios.

Existen personas de pensamiento concreto, muy productivas y rápidas, ya que se adhieren con facilidad a la norma, pero a la hora de tomar decisiones, ganan la batalla las personas de pensamiento abstracto, que, aunque no tienen una rápida ejecución en la tarea, aprenden al instante, diseñan estrategias y resuelven problemas complejos. Mientras uno trabaja, el otro analiza; ambos tienen un poder, pero deben aprenderlo a valorar y usar.

Unas personas son prudentes y otras impulsivas; las prudentes suelen ser muy responsables y tomarse muy en serio su trabajo; en cambio, las impulsivas se aventuran a actuar, generan muchas ideas y tienen gran sentido del humor. A largo plazo, las prudentes suelen quedarse, toda vez que las personas impulsivas se desenfocan con facilidad y no logran mantener una rutina. Unas deslumbran a la entrada, pero otras brillan con el tiempo.

Están las personas prácticas, con gran habilidad para atender varias actividades de forma simultánea con un mínimo de errores, pero con poca imaginación; y en el otro lado de la moneda, están las personas soñadoras, que aunque descuidan lo práctico, son recursivas, creativas y con gran pensamiento estratégico. Ambas tienen un poder, lo importante es enfocarlo en algo alineado con su forma de ser.

No podemos pasar por alto a las personas racionales, aquellas que se caracterizan por su objetividad, capacidad para soportar la tensión y habilidad para tomar decisiones de forma imparcial, aunque son poco empáticas y sensibles a los sentimientos de los demás; y en el otro extremo, están las personas emocionales, sensibles y empáticas, capaces de ponerse en los zapatos del otro, pero indulgentes consigo mismas y terceros. Mientras el racional es fuerte y sostiene, el emocional es sensible y conecta con los demás.

Una balanza que siempre ha llamado mi atención es la de las personas seguras y las inseguras; mientras el seguro se expresa y desenvuelve sin temor, el inseguro actúa siendo sensible ante la aprobación de los demás. Lo que muchos no piensan es que, mientras el seguro no siente preocupación por el qué dirán y actúa sin remordimiento alguno, el inseguro tiene un fuerte sentido de la obligación por llevar un gran dolor emocional.

Otro rasgo de personalidad interesante es el de las personas dependientes, que aunque no suelen tomar sus propias decisiones, logran trabajar en equipo y valorar las ideas de otras personas; su opuesto es el autosuficiente, que aunque logra tomar sus propias decisiones y trabajar solo, se le dificulta adherirse a nuevas formas de actuar y pensar. También están las personas sencillas, que aunque son ingenuas y confían ciegamente en los demás, carecen de diplomacia y prudencia en su trato; su antagonista es el astuto, que aunque es artificial a la hora de relacionarse, tiene éxito a nivel social.

Todas las personas tienen algo bueno para aportar, tan solo es cuestión de llegar al lugar indicado en donde cada persona pueda poner en práctica todo su potencial. Lo más importante es dejar de juzgar, discriminar y rechazar; así los niños se enfocarán en lo bueno y los adultos dejarán de querer encajar.

María Angélica Vega Aroca 

Psicóloga

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