En medio de los debates sobre impuestos, gasto público, subsidios, deuda y sostenibilidad fiscal, surge una pregunta con profundas implicaciones para cualquier democracia: ¿de quién es realmente el dinero que administra el Estado?
Desde la economía y la administración pública conviene recordar un principio fundamental: los recursos que administra el Estado provienen, directa o indirectamente, del esfuerzo productivo de los ciudadanos y las empresas.
Pero antes vale la pena responder otra pregunta: ¿qué es realmente el Estado? Max Weber lo definió como la organización que posee el monopolio legítimo de la fuerza dentro de un territorio. Es decir, la institución a la que la sociedad le otorga la facultad de crear normas, recaudar impuestos, impartir justicia y garantizar el orden.





