No son ni la sombra de lo que fueron los dos partidos tradicionales, precursores de la política liberal y conservadora. Hace años que estas dos colectividades no llevan candidatos propios para pelear la Presidencia de la República, porque se conforman con sobarle la chaqueta a los cacaos de turno.
Son hormigas de la política al detal: el puestico, el tamal, el concejal, el contrato y la jugadita. Así tejen bancadas. Tal para cual ser liberal o conservador. De ese liberalismo glorioso que en la segunda mitad del siglo 19 acabó la esclavitud y parió la única reforma agraria exitosa del país solo queda un plato de lenteja. No está mal enfocado el columnista y caricaturista de El Espectador, Julio César Londoño.
¿Resentido Social? Así tildan los arribistas a quienes no comulgan con el “Manual de Estupidez” del contrario, por eso la democracia se construye en la diferencia, reacciones que surgen del conocido enunciado: ¡Colombia solo cambiará cuando usted no defienda más una clase social a la cual no pertenece! Es que se ven como mosca en leche y hasta los ridiculizan por falta de identidad en el afán de escalar del estrato 1 al estrato 6, lo que refleja complejos y falta de identidad.




