En el marco del pasado COP 28 cuyo país anfitrión fue Dubai, y que no contó con la presencia del papa Francisco, dado su delicado estado de salud que, dicho sea de paso, tiene en vilo al mundo católico; muchos fueron los países que asistieron, pero una vez más se evidencia el poco compromiso de los Estados, frente a la crisis climática generada por las emisiones de gases de efecto invernadero entre otros factores. Pareciera que no hay consciencia de la gravedad del problema. Los avances que en materia ambiental se han logrado hasta ahora, son insuficientes.
En ese contexto. Colombia aparece enarbolando la bandera blanca de la paz ambiental, señalándole al mundo que la transición hacia las energías limpias, no da espera, que hay que hacer esfuerzos para no depender de los combustibles fósiles (descarbonizar la economía), como lo propone nuestro presidente Gustavo Petro, quien además sugiere a los países industrializados, permitir pagar la deuda pública con acciones climáticas (¡!).
El calentamiento global que estamos viviendo va en aumento, las sequías y escasez de agua nos ponen a puertas de racionamientos en la energía eléctrica, por lo que se debe acelerar la transición hacia las energías limpias, para no seguir dependiendo del petróleo, gas y carbón. Esa es la apuesta de este Gobierno, que contrasta con la posición de muchos que desean que nuestra economía siga dependiendo de los combustibles fósiles, que, desde luego, actualmente ocupa el primer renglón de nuestra economía, pues somos el quinto país exportador de carbón a nivel mundial.




