COLUMNA

Chismes, propaganda y portales de noticias

Hace un tiempo hice una columna criticando a un importante diario nacional por la forma como tituló una noticia que, a mi juicio, no tenía el rigor de la verdad.

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Hace un tiempo hice una columna criticando a un importante diario nacional por la forma como tituló una noticia que, a mi juicio, no tenía el rigor de la verdad. Esta columna me valió un regaño y, por supuesto, la solidaridad de cuerpo del gremio que se cierra a pie juntillas cuando alguien critica a alguno de sus miembros; espero esta vez no ser víctima del mismo tratamiento porque de nuevo debo hacer una crítica a ciertos individuos que profanan la sagrada profesión de comunicar socialmente.

Miremos algo de historia y con ello tres estilos sobre como la profesión de comunicar dio a conocer las formas que puede elegir un profesional del ramo para hacer su trabajo: En primer lugar, vamos al año 490 a.C donde el soldado griego Filípides corrió 42 kilómetros desde Maratón hasta Atenas para avisar que habían ganado la guerra sobre los persas con el grito ¡Niké! (Victoria) dando origen a dos grandes acontecimientos, el nacimiento de los juegos olímpicos y una legendaria marca deportiva. Y por otro lado está lo ocurrido en la batalla de Waterloo cuando Napoleón fue derrotado por Wellington; un banquero de la época mandó a un emisario a Londres que esparciera la falsa noticia de que Napoleón había triunfado; la bolsa se desplomó, los accionistas vendieron sus bonos a precios ridículos y la familia de banqueros multiplicó su fortuna por cien, dos acontecimientos, dos formas distintas de usar la información.

Ahora bien, ¿qué pasa si una persona sin ningún tipo de estudios en medicina o en leyes cuelga en su puerta un letrero con la leyenda “Consulta médica gratis” o “Se llevan procesos penales y administrativos”? Creo que de inmediato son denunciados y sancionados acorde a la ley. Entonces, ¿por qué razón personajes que no tienen el mínimo conocimiento básico de redacción, de dicción, de interpretación de comunicación, análisis crítico, e incluso pésima ortografía, ejercen el periodismo como profesión? ¿Derecho al trabajo? ¿Libertad de empresa? ¿Libertad de expresión? Créanme, soy de los que sufren corrigiendo redacción y ortografía de titulares y noticias cuyo rigor es bastante mediocre, y ya no solo es un tema de los modestos “portales” sino incluso de medios reconocidos cuya decadencia es evidente; pero para el caso que nos ocupa me voy a referir a nuestros protagonistas: ¡los portales de noticias! Como nota de aclaración debo admitir que hay algunos muy buenos que además de informar lo hacen con el rigor requerido.

Pero hay un fenómeno que ha venido desprestigiando aún más a estas herramientas informativas y es que, aprovechando el avasallador mundo digital y la habitación del mundo en internet para capturar su audiencia —que dicho sea de paso cada día se parece más—, entonces adaptan su contenido a lo banal, a lo sensacionalista, lo amarillista y por supuesto al chisme de la farándula; y entonces termina la audiencia saturada de noticias donde la mamá de un cantante, en un lenguaje de verdulería (con el perdón de las verduleras), se saca los chiros al sol con la exmujer del muchacho, y así nos la pasamos de semana en semana consumiendo lo más degradado de la sociedad y, por supuesto, de quien debe comunicar lo que pasa en ella.

En consecuencia, el mayor acto de bajeza llegó cuando el oficio (No la profesión) se usa como arma de chantaje; y aquí va la tercera forma, “portales” que se dedican todo un año a extorsionar a políticos, funcionarios y hasta empresarios para no sacarles escándalos de corrupción o incluso intimidades; con esta práctica, que no es nueva, recaudan cientos y hasta miles de millones anualmente. Pero la cúspide de la bajeza llega en elecciones; la mayoría de estos sitios aprovechan su temporada y filipichines mal hablados y barbachanes se venden al mejor postor, todos sabemos cómo operan, como trabajan y para quien trabajan; cazan cada cuatro años a las ostentosas campañas a las que literalmente extorsionan pidiendo cifras desbordadas por sus servicios y, si el candidato no accede, empiezan a darle mala prensa. Pero lo que más preocupa es que en el país de los ciegos, el tuerto es rey y este tipo de prensa se parece más a sus lectores.

Por Eloy Gutiérrez Anaya

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