Cada año que termina merece agradecimientos. Por más difícil que pueda haber sido, lleno de retos, de riesgos afrontados, quedan aprendizajes que nos hacen más fuertes, que nos hacen más robustos y que nos hacen mejores personas. Año tras año, uno va sintiendo cómo el cuerpo se desgasta, se cansa, cómo la forma de ver la vida también evoluciona, cómo aspectos que antes no eran importantes cobran relevancia y viceversa.
También cómo el contexto del país influye cada vez más en la emocionalidad de las personas. El 2025 que acaba de terminar dejó un desgaste grande, fue un año complejo, triste para Colombia, de atraso, de violencia, de corrupción; la “potencia mundial de la vida” quedó en simple retórica, aumentaron las masacres, el secuestro, las tomas de municipios, las pescas milagrosas, los sembrados de coca, a los colombianos nos matan en la calle por robarnos el celular; los feminicidios se han disparado, el hampa gobierna a través de decretos.
¿Buenas noticias para todos? Una: fue el último año completo de Petro en la Casa de Nariño. En 7 meses diremos: chao y nunca vuelva por aquí que no queremos verlo, váyase a vivir a Cuba, a Venezuela, vaya a vivir “sabroso” en esos lugares, lejitos de nosotros y de la débil institucionalidad colombiana que deja como herencia.
Ese balance, cuya redacción desinfla, deprime, debe contrarrestarse con palabras de ánimo y de positivismo que nos permitan levantarnos mañana esperanzados. El 2026 nos necesita activos, nos necesita vivos, nos necesita energizados y debe contar con nosotros para dedicarnos a sanar a Colombia. Será un año electoral: en marzo elegiremos Congreso de la República, en mayo iremos a la primera vuelta presidencial, en junio elegiremos presidente y junio y julio nos permitirán disfrutar del mundial de fútbol, sólo por hablar del primer semestre del año. A partir de agosto iniciará un proceso similar a los de las posguerras, de reconstrucción del país, de reconstrucción de un tejido social roto hasta ahora y que requiere sanar. Sanar el tejido va a ser un reto enorme, más cuando las finanzas públicas atraviesan el peor momento de nuestra historia republicana y cuando enfrentamos unos egos de personajes políticos que anteponen lo personal a los intereses de la nación y están generando inestabilidad, incertidumbre, angustia, frente a una izquierda que unida tiene clara la meta de la destrucción total y definitiva del país.
A pesar de este oscuro panorama debemos abrazarnos, darnos ánimo y ser conscientes de lo complejo que será el 2026, en la medida en que si la derecha no recupera el Ejecutivo, muchos no tendremos un camino diferente a mirar opciones de emigrar, de dejar Colombia y de buscar una mejor vida en otro lugar; triste pero cierto, hemos ayudado a construir este país a punta de trabajo, de estudio, de madrugar para darlo todo por una sociedad que llegó a tener una clase media enorme, que llegó a ser la más grande de las clases sociales en Colombia hace apenas 15 años, y que hoy, atravesada por cinturones de pobreza y de miseria, de desgobierno, necesita remangarse y dejarlo todo por Colombia.
Estamos listos para asumir el reto y la invitación de esta columna es a eso: a unirnos, a compartir este ideal de carácter nacional, a combatir lo que ha sucedido en estos 3 años largos de padecer al Castrochavismo, al Foro de Sao Paulo y a Petro, junto con su recua conformada por enemigos de la patria como Benedetti, Laura Sarabia, Barreras, con personajes nefastos como Bolívar, Verónica Alcocer, Francia Márquez, la totalidad de congresistas del Pacto Histórico, y así dejar atrás el horror al que nos han sometido.
Mientras tanto, el aumento desmedido del salario mínimo es una muy mala noticia para la economía colombiana, que deja en firme la apuesta del gobierno por el populismo, que alimenta la manipulación de la verdad con una retórica de desocupación más no de desempleo, negando que la informalidad está disparada en Colombia y que cada vez son menos los ciudadanos que acceden a prestaciones sociales y que en un futuro podrán disfrutar de una pensión.
Por: Jorge Eduardo Ávila





