¿Vivimos en ciudades brutas? Una aproximación a la definición de las Ciudades Inteligentes nos enseña que son aquellas que usan las tecnologías como herramienta de transformación social, económica y ambiental de sus territorios; adaptándose a los retos y expectativas de las personas que la habitan, orientadas a la sostenibilidad e inclusión; generando un entorno de colaboración, innovación y comunicación permanente entre todos los actores e instituciones que interactúan en el territorio.
Por el contrario, podemos considerar a las Ciudades Brutas como aquellas que desconocen la importancia del uso de las tecnologías y desaprovecha sus ventajas a la hora de garantizar el bienestar común, produciendo un estancamiento en el pasado.
La cuádruple hélice de gobierno, academia, sociedad civil y empresarios son los responsables de accionar los cambios de paradigmas dentro de un ciudad o territorio, pues no son de generación espontánea. Para llegar a ser un Ciudad Inteligente el primer paso consiste en iniciar un proceso de maduración —liderado por el gobierno local—, para evaluar las capacidades institucionales, la percepción ciudadana y el impacto real del uso y apropiación de las tecnologías dentro de la ciudad. Esto permitirá establecer una línea base en relación a las necesidades de desarrollo tecnológico en las áreas funcionales del territorio o ámbitos de ciudad, tales como las personas, la calidad de vida, gobernanza, economía, hábitat y el medio ambiente. A partir de entonces se podrá iniciar una planificación, gestión y ejecución de proyectos que nos lleven a elevar nuestra inteligencia como ciudad.











