22 junio, 2019

Mario De los Santos: melodías que han quedado en la calle

En medio de una actividad social realizada por la Policía, en compañía de la Iglesia Católica, EL PILÓN descubrió a un talentoso artista que mantiene su lucha contra las drogas.

Al momento de dar el saludo de la paz, en medio de la misa que organizó la Policía en La Macarena, apareció para acercarse a los presentes que tenía cerca y extender su gesto de cariño. Inmediatamente uno de los habitantes de esta deprimida zona, ubicada en la margen derecha del río Guatapurí (Valledupar), lo reconoció y recomendó para que entonara alguna de las alabanzas.

Entonces todos con mucha atención se voltearon hacia él y pidieron que cantara en medio de la ceremonia. Con discreción tomó la guitarra que le cedió el músico que hasta el momento se encargaba de los himnos en la celebración y empezó a hacer los arreglos de las cuerdas del instrumento.

Inmediatamente todos reconocieron la experticia que tiene. Se trata de Mario De los Santos Echezuria Rojas, de 43 años, quien más allá de ser uno de los habitantes en condición de calle afectado por el consumo de alucinógenos que llega hasta esta zona de Valledupar, da muestras de lo que ha sido su vida, intermitente, cuando está alejado de las drogas.

La comunidad de este sector asistió con entusiasmo a esta celebración, que quiso llevar un mensaje de esperanza y fe. Foto: Joaquín Ramírez

Su historia es la de un músico de origen venezolano, de Cumaná, en el estado Sucre, que desde los cuatro años empezó a tocar el cuatro y ya a los 11 años llegó a una escuela de música inscrito por su papá: inició sus estudios de trompeta, armonía, teoría musical y solfeo durante seis años.

Esto le permitió codearse con músicos renombrados de su país, junto a los cuales tuvo la oportunidad de ir aprendiendo y absorbiendo conocimientos hasta convertirse en profesional.

Sin embargo, allí también estuvo expuesto a un mundo de excesos y desenfreno del que cree que parte en cierto modo la adicción que hoy padece. “No creo que me haya dañado eso, pero sí de pronto la falta de conocimiento o de temple, por ser un muchacho”, aseguró.

Con relación a cómo empezó a consumir estas sustancias fue muy claro: “como llegan todos, preguntando, entre adictos nos conocemos”. Al tiempo indicó que no vive en La Macarena sino más bien donde pueda conseguir su dosis, porque como él mismo enfatizó es un enfermo.

Y en este sentido hizo referencia a lo difícil que es sobrevivir en este mundo en el que lidia también con el maltrato de la gente. “Por el hecho de que uno tenga condiciones como una farmacodependencia, a un estupefaciente en este caso, por lo menos yo que lo que consumo es bazuco, no quiere decir que yo sea delincuente o ande robando, simplemente soy un enfermo, un adicto que por mi problema me veo en la obligación de reciclar para conseguir mi dosis y calmar mi ansiedad”, sostuvo.

PARA NO SEGUIR

Teniendo muy clara su condición, Mario recomendó a las personas que ni por curiosidad prueben las drogas y reiteró el llamado a los jóvenes para que se mantengan alejados de este mundo.

Cuando él está sobrio se reencuentra con su familia que vive en Venezuela y dentro de la cual lo más importante son sus dos hijos, estando “caído” y “alejado del evangelio”, como dijo encontrarse ahora mismo, prefiere apartarse de su entorno.

“Me desconecto totalmente de mi familia, para qué llamarlos, para decirles qué”, aseguró.

Ahora mismo completa un año sin establecer contacto con ninguno de sus familiares, en tanto que para retomar la relación con ellos indicó que lo único que lo ayuda es apartarse del consumo, algo que ha hecho varias veces tras lo cual vuelve a recaer.

Mario De los Santos interpretó varios temas en La Macarena, entre ellos destacaron las melodías cristianas con las que finalizó la misa. Foto: Joaquín Ramírez

“De verdad reconozco que necesito ayuda, porque muchas veces uno solo no puede”, dijo.

Aun cuando es muy consciente de la realidad que atraviesa, actualmente no parece tener claro lo que piensa sobre su futuro, lo que sí evade tajantemente es resignarse a llevar esta vida en medio de la basura y la adicción.

“Hay personas que me han ofrecido la carreta para trabajar y por eso no la acepto, porque requiere que genere más dinero y sería más consumo para mí y que no quiero ser reciclador toda mi vida porque no soy reciclador, es una vida que no me pertenece, que estoy viviendo por ahora porque es la parte más rápida de conseguir la dosis”, detalló.

Mientras tanto seguirá deslumbrando, ocasionalmente, con su voz de la cual emanan cánticos para adorar a Dios en el que cree y vive esperanzado para salir definitivamente de este problema en el que ya lleva sumergido más de 20 años de su vida. “Recaigo, pero me levanto, ahí vamos. La Biblia dice que mientras haya vida hay esperanza y Dios en su inmensa misericordia aun me tiene con vida”, finalizó.

Por: Daniela Rincones Julio / EL PILÓN
daniela.rincones@elpilon.com.co