Al juglar Lorenzo Miguel Morales Herrera le cumplieron su voluntad casi seis años después. Siempre que hablaba de la muerte o “cuando se le acabara la gasolina”, pedía que fuera llevado a su amado terruño Guacoche, corregimiento del norte de Valledupar, desde donde comenzó a escribir su propia historia, dejando su huella antes de poner el pie.
Moralito murió en Valledupar a las 6:20 de la mañana del viernes 26 de agosto de 2011, y fue sepultado en el cementerio central de la capital cesarense, pero siempre se tenía el propósito de trasladar sus restos mortales a la tierra que lo había visto nacer el 19 de junio de 1914.
Así se hizo en una sencilla y corta ceremonia donde sus familiares y paisanos volvieron a contar las hazañas de este juglar que montado en un burro y tocando su acordeón llevaba mensajes cantados por toda la provincia, y hasta la vez cuando se encontró en Urumita, La Guajira, con su compadre Emiliano Zuleta Baquero, naciendo en esa ocasión, año 1942, la canción ‘La gota fría’, el vallenato más escuchado en todos los tiempos.











