Fui por pura novelería al aeropuerto de Valledupar a ver quienes iban al entierro de la Reina Isabel en Inglaterra. Algunos fueron a parar a Barranquilla pensando que el velorio era al día siguiente, pero resulta que cuando escribo esta columna aún la casi centenaria reina anda de castillo en castillo en su gran país, y nada que la entierran.
Una tía algo curiosa y pendiente del tema, dice que si por estas regiones tomáramos las costumbres de pasear a las personas muertas por cada parte donde vivieron, con ella demorarían como tres meses, porque como no tuvo casa se mudaba cada rato y no a castillos sino por problemas del bolsillo.
Otra señora de estrato económico superior, aprovechó para promocionar con las primeras damas vallenatas un emprendimiento. Es decir un tour que incluía pasajes, visitas guiadas a museos por donde solía pasar la reina Isabel en su juventud, pero que ahora cobran vigencia por su partida.





