El mayor reto de Valledupar es recuperar 360 kilómetros de redes de acueducto y alcantarillado, sistema colapsado por el paso inexorable del tiempo, a juzgar por los más de cincuenta años utilizando la misma tubería de cemento y asbesto, material que es cancerígeno y, en consecuencia, altamente perjudicial para la salud.
Gran parte de esa infraestructura está desintegrada, lo que provoca taponamiento de manjoles y derrame de aguas negras en cualquier sector de la ciudad, emergencia que implica movilizar el carro vactor cada vez que hay obstrucción, sobre todo cuando llueve, porque una solución de fondo requiere no menos de dos billones de pesos, recursos de los que no se dispone ni a nivel local ni a nivel nacional.
Un 40 % de los usuarios de Emdupar carece de medidores, franja de la población que derrocha el agua por falta de mecanismos de control, problemática sobrediagnosticada por el Concejo Municipal, que ha sugerido liquidar la empresa y hacerla viable a través de un socio estratégico que aporte el capital.






