Me desperté sobresaltada y sudorosa por una risa escalofriante que invadió mi cuarto llenándome de terror y confusión con respecto al culpable que interrumpía mi sueño. Mire el reloj en la mesa de noche y la aguja marcaba las 11:00 p.m., contrariada por la hora me levanté en la búsqueda del cantautor de tan irritable sonido.
La vi antes que ella a mí, la muy bellaca tuqueca de ojos saltones me sostuvo la mirada amenazándome para que no diera un paso más. Agarré la escoba que tenía junto a la cama armada de valor como me había dicho mi abuela que hiciera si una vez me llegaba a encontrar con ella.
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