“Ay yo me convertí en un pescado, eso fue porque desobedecí a mi mamá, mi mamá me dijo que no fuera a bañarme en el río y yo la desobedecí, yo le pido perdón a Dios y ahora cómo hago, cómo me quitaré esta cola”. Así recuerdan hoy los ancianos de Valledupar, que eran los gritos que se escuchaban en el río Guatapurí el día que Rosario (como la han llamado tradicionalmente) se convirtió en sirena.
En Valledupar existen diferentes lugares y estatuas emblemáticas que cuentan la historia de esta tierra, enmarcada en el folclor y la magia. Una de estas imágenes que se ha convertido en un imprescindible de la cotidianidad de quienes habitan esta capital y en un paso obligado de los visitantes es la Sirena de Hurtado.
Bañada en dorado, con una expresión firme y vigilante de su pueblo, se encuentra esta imagen que durante años ha representado el mito más arraigado de nuestra cultura y que se cuenta siempre en el marco de la Semana Santa.











