COLUMNA

La sonrisa permanente de Egidio Cuadrado

En plena pandemia tuve dos conversaciones con Egidio Cuadrado que me afianzaron la percepción que toda la vida tuve de él, que era uno de los músicos vallenatos más noble, sencillo y original y al que nunca le vi mal humorado o con gestos de arrogancia o altivez. La imagen que me quedó de Egidio fue su imperturbable sonrisa.

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En plena pandemia tuve dos conversaciones con Egidio Cuadrado que me afianzaron la percepción que toda la vida tuve de él, que era uno de los músicos vallenatos más noble, sencillo y original y al que nunca le vi mal humorado o con gestos de arrogancia o altivez. La imagen que me quedó de Egidio fue su imperturbable sonrisa.

En medio del encierro de la pandemia se me ocurrió crear un programa de entrevistas a músicos vallenatos por redes sociales y al primero, de los más conocidos, que invité fue a Juan Mario de la Espriella, después pasaron por ahí casi todos los de la era dorada del vallenato. Un día llamé a Egidio Cuadrado, conversamos largo y tendido con la jovialidad que le caracterizaba y acordamos la fecha de la entrevista.

Dos días antes de la entrevista me llamó y se disculpó pidiéndome que la postergáramos, yo le dije tranquilo hermano más adelante la hacemos, hablé luego con Eder Polo, el guacharaquero de La Provincia y me dijo: Jorge, a Egidio no le gusta mucho dar entrevistas, entiéndelo, él es un poco tímido y prefiere más la tranquilidad y la soledad.

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