En cada cosecha, decenas de familias consiguen ingresos adicionales comercializando el mango. Sin embargo, la actividad está bajo cuestionamiento por la intolerancia y la recolección de mangos sin el permiso de los propietarios. Por eso, algunos recolectores se ganaron el nombre de “roba mangos”.
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Ya son varias las ocasiones que ciudadanos han pedido mayor control a quienes salen a trabajar de madrugada con vara y carretilla en mano. Pero más allá del estigma, lo cierto es que la fruta se ha convertido en una oportunidad laboral en una ciudad de pocas oportunidades.











