Cuando se puso la primera piedra en la obra de la despulpadora de frutas y verduras ubicada en el corregimiento de La Mina, sur de Valledupar, todo pintaba color de rosa entendiendo que sería un proyecto que generaría más de 1.000 empleos y sería un gran apoyo en la economía de la comunidad kankuama. El tiempo pasó y lo que parecía una obra productiva se ha convertido en un elefante blanco por cuenta del abandono.
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Ha pasado 1 año, 9 meses y 19 días desde que se puso la primera piedra en un acto donde hicieron presencia el alcalde de aquel entonces Augusto Ramírez, concejales y autoridades indígenas de la etnia kankuama.











