Reaparece la discusión local, intermitente, sobre quiénes sí y quiénes no son periodistas porque de vez en cuando alguien se atreve a manifestar en público su molestia por los “seudoperiodistas” y todo lo que los rodea, y las razones son diversas.
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Por supuesto, la discusión más que válida es cada vez más urgente y necesaria. El problema es el método, el escenario y los participantes: lo despectivo malogra lo primero, el temor a la confrontación no permite hallar lo segundo, y los terceros no se ponen de acuerdo. Parece que el problema, muchas veces, es la pelea por la torta publicitaria y no la defensa del oficio, cada vez más herido en su credibilidad.











