En la democracia vallenata el pueblo parece predestinado a elegir y una elite a gobernar, así, los electores asumiendo su rol en la relación del juego electoral siguen mayoritariamente las campañas ‘ganadoras’, atraídos por el efecto del voto útil, con altas inversiones, espectáculos y eventos de asistencia masiva, además con demostraciones de poder y capacidad de convocatoria de las fuerzas electorales donde la música es usada como dispositivo cohesionador de las masas y/o que sirve para atraer a las multitudes y remplazar el debate político por el concierto político.
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El folclor es un instrumento cohesionador a través del cual el proceso electoral adquiere un ambiente festivo en el que pierde profundidad el debate político y el ejercicio eleccionario, de las personas consultadas, el periodista Martín Mendoza difiere de este planteamiento y afirma que la música le puede dar mayor profundidad a un debate, “(…) porque puede llevar mensajes que de otra manera las masas no asimilarían. La música hace parte del discurso político, la función cohesionadora o disociadora se la impregna quien emite el mensaje”.
Al igual que Mendoza, el investigador Félix Carrillo Hinojosa tiene una postura diferencial frente a la música como elemento cohesionador: “Porque la música se puede usar como un canal perfecto para presentar toda una construcción ideológica, que debe generar un disenso entre las partes. Es de advertir que el creador vallenato cuando hace un canto con contenido social no es consecuencia de su visión política, sino por el llamado de narrar un hecho”.











