Después del almuerzo de aquel miércoles, 28 de noviembre de 1990, el cabildo gobernador Luis Napoleón Torres Crespo, Ángel María Torres Arroyo y Antonio Hugues Chaparro Torres, abordaron un bus en La Terminal de Transportes de Valledupar con destino a Bogotá. Por esos días, se discutía en la capital del país lo que serían las elecciones de 70 delegatarios de la Asamblea Nacional Constituyente que se firmó finalmente en 1991.
Los tres líderes aprovecharon la parada del bus en un restaurante de Curumaní para merendar. Hoy no se sabe si los hombres armados y vestidos de civil que llegaron por ellos en una camioneta Toyota color blanco, los dejaron comer, pero se sabe que sus cuerpos aparecieron el 2 de diciembre con disparos en la cabeza y signos de tortura. Los cadáveres en estado de descomposición, fueron hallados en tres lugares diferentes: Ángel María Torres Arroyo fue hallado en el corregimiento de Cuatro Vientos, jurisdicción de El Paso; Luis Napoleón Torres Crespo fue encontrado en el corregimiento de Loma Linda, perteneciente a Bosconia, y el cuerpo sin vida de Antonio Hugues Chaparro Torres fue recogido en Pueblo Nuevo, corregimiento de El Difíci, Magdalena.
Antes del secuestro, tortura y asesinato, los tres líderes participaban activamente del encuentro nacional de pueblos indígenas por la defensa de los territorios ancestrales, el derecho a la tierra y la persecución por parte de grupos armados al margen de la ley. Luis Napoleón, Antonio Hugues y Ángel María habían jugado papeles fundamentales en la defensa de derechos humanos de su comunidad; la expulsión de los padres capuchinos de Nabusimake fueron algunos de sus luchas más aguerridas. El día de la desaparición, en Valledupar fueron retenidos por el Ejército Nacional, sin justa causa, los arhuacos José Vicente Villafañe y su hermano, Amado Villafañe. Luego de golpes e intimidaciones los dejaron libres, hechos que quedaron consignados en el dictamen del Comité de Derechos Humanos.











