Muchos años tocó esperar para ver a un costeño cruzarse la banda presidencial, aunque como no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, fue un senador izquierdoso, quien quiso dañarnos la fiesta, intentando demostrar que él sabía de mejor fuente donde había nacido Gustavo Petro y podía contradecir hasta los propios padres del ahora presidente electo.
Todo ello tenía el único propósito de que el voto costeño no fuera mayoritariamente petrista, porque el odio y los rencores pudieron más que la sensatez y la coherencia ideológica. Pero la costa en general, Caribe y Pacífica votó esta vez como tenía que votar, es que es en nuestras regiones donde más hemos sentido el peso de la corrupción (endógena y exógena), yo no creo que haya incidido tanto, el hecho de que Petro naciera en Ciénaga de Oro, Córdoba y no en Zipaquirá, Cundinamarca, como aseguraba el detractor, pero en cambio sí creo que definitivamente al pueblo no se le puede engañar toda una vida, y ya era justo despertar.
Buena parte de los medios masivos de comunicación nacionales nos han inculcado durante años que los mejores gobernantes son aquellos que salen con buenos números en las encuestas, al terminar sus mandatos. En esta oportunidad electoral la mayor parte de los candidatos habían sido alcaldes de ciudades y las mediciones mentirosas y sesgadas siempre valoraron a Gustavo Petro como un alcalde mal calificado.





