Hace cinco años un grupo de amigos decidimos que no era suficiente lamentarnos por el deterioro progresivo del río Guatapurí. Tampoco podíamos seguir esperando que únicamente las autoridades ambientales asumieran una responsabilidad que, en últimas, nos corresponde a todos. Había que hacer algo y encontramos en la música, la cultura y la educación ambiental una manera de aportar nuestro pequeño grano de arena.
Así nació Un Canto al Río, una iniciativa que desde el comienzo tuvo claro que su principal protagonista no serían los artistas, compositores, organizadores ni patrocinadores. El protagonista sería siempre el río Guatapurí.
Este fin de semana llegamos a la quinta versión y debo confesar que mirar hacia atrás produce satisfacción, pero también aumenta nuestro compromiso. Durante estos años hemos logrado que niños, jóvenes, compositores, músicos, ambientalistas y ciudadanos se reúnan alrededor de una misma causa: cantarle al río, pero, sobre todo, aprender a cuidarlo.





