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Rafael José Orozco Maestre: treinta y tres años después

La década de los años setenta fue significativa para Rafael y también para quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos.

Óscar Palmera.

Óscar Palmera.

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Mucho lo pensé para escribir este artículo que encierra sentimientos profundos y recuerdos imborrables sobre el inolvidable y querido Rafael José Orozco Maestre. Treinta y tres años después de su partida, vuelvo la mirada atrás para reflejar los momentos que compartimos desde que forjamos una amistad sincera, integrada en una hermandad de vida junto a un grupo de amigos leales.

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La década de los años setenta fue significativa para Rafael y también para quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos. En marzo de 1972, en plena flor de la juventud, participé en un intercambio deportivo futbolístico intercolegiado en el Colegio Nacional Loperena de Valledupar. Jugamos en equipos diferentes y el equipo de Rafa derrotó al nuestro dos goles a uno. Rafael, además de buen futbolista, cumplía funciones de capitán. Hoy esos gratos momentos llegan a mi mente como si el tiempo no hubiera corrido.

En 1974, cuando Rafa estudiaba en el Conalop, se realizó la Semana Cultural. Allí ganó el concurso de canto interpretando ‘Nostalgia de Poncho’, dejando en el camino a otros concursantes, entre ellos Diomedes Díaz Maestre, quien interpretó ‘Entre lomas y sabanas’ (registrada después como 26 de mayo), de su autoría. Finalizada la intervención de ambos, muy cerca de la cancha de fútbol, conversaban Rafa y Diomedes. Este último le cantó dos temas de su autoría los cuales fueron grabados en una grabadorita portátil que cargaba Rafa; los temas fueron Cariñito de mi vida y Entre lomas y sabanas. También quedó Diomedes bautizado allí: por sugerencia de Rafael, con su carisma habitual, manifestó que le sonaba mejor «El Cacique de La Junta» y no «El Poeta de Carrizal».

Recuerdo la presencia de figuras como el doctor Antonio Serrano Zúñiga, creador del evento Semana Cultural y Canto Vallenato, además de rector del Conalop. También se contó con la presencia de Félix Rafael Carrillo Hinojosa, Juvenal Daza Bermúdez, Armando Moscote Gutiérrez, Jorge Quiroz y Luciano Poveda Fragoso. Yo no era conocido entre los concursantes; llegué acompañado de dos grandes amigos, Alonso Sarmiento Araujo y Gustavo Díaz Ramírez. Allí sostuve una charla animada con Rafael y, al despedirnos, le pregunté:

—¿Cuándo nos volvemos a ver?

Me comentó que vivía en el barrio Sicarare, manzana 55, con su hermana Genith. Para sorpresa de ambos, le respondí que yo también vivía en el Sicarare, en la manzana 53, frente a la cancha de fútbol.

Corría el año 1975, el mismo en que grabó con Emilio Oviedo el LP que incluía Cariñito de mi vida y Adelante, canciones de aceptación inmediata que se convirtieron en éxitos. Seguimos compartiendo diversas actividades, hasta que en una ocasión se presentó un hecho considerado de indisciplina en el Colegio Loperena, lo que ocasionó la expulsión de Rafa. Apoyado por Emilio Oviedo Corrales y el doctor Díaz Cuadro, secretario de Educación de la época, lo ayudaron para que continuara entonces sus estudios en el Colegio Ciro Pupo Martínez de La Paz, Cesar, donde culminó su bachillerato.

Como amigo de oro de Rafa, Luis López me contó muchos recuerdos de su época en el colegio Ciro Pupo Martínez. Me decía que Rafa llegó en 1974 a terminar quinto y sexto de bachillerato, después de no haber sido admitido en el Nacional Loperena, y que en ese tiempo casi nadie lo veía como cantante, sino como un apasionado jugador de fútbol. Apenas sonaba la campana, salía corriendo a la cancha, siempre con su pañuelo y el pelo peinado al lado.

Luis me contaba que mientras estudiaba empezó a grabar con Emilio Oviedo en Medellín. Se ausentaba varios días del colegio y luego regresaba como si nada, diciendo que andaba grabando. Así nacieron sus primeras producciones, sin que muchos imaginaran que ese muchacho se convertiría en un ícono del vallenato. También me habló de su historia con Clara Elena; de cómo Checho Corrales llevaba y traía las cartas entre ellos cuando eran novios. Son recuerdos que me compartieron y que muestran al Rafa joven, sencillo, enamorado y soñador, antes de convertirse en la leyenda que todos conocimos. 

Ya graduado, se trasladó a Barranquilla junto a quien luego sería su corista, Esteban «Chiche» Ovalle Vanegas, para estudiar Administración de Empresas en la Universidad Autónoma del Caribe. Perdimos el rastro hasta 1977, cuando grabó con el Binomio de Oro el LP ‘Por lo alto’. Para entonces yo trabajaba como operador de sonido en la emisora Ondas de Macondo, lugar donde nos reencontramos. De esa producción se destacaron ‘Necesito de ti’, del doctor Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, y ‘Sueño de conquista’, de Rosendo Romero Ospino.

Rafa me invitó a la casa de sus padres, la señora Cristina Maestre y el señor Rafael Orozco. Allí compartimos un sancocho en familia. Recuerdo que Rafa vestía con su acostumbrada elegancia; llevaba unos zapatos de charol color terracota que admiré y se lo manifesté. En ese momento me dijo: «Te invito a Barranquilla y allá te regalo un par igualitos». Días después cumplió su palabra: me obsequió los zapatos, un pantalón, una camisa y, además, me convirtió en promotor de su música. Nuestra amistad se fortaleció tanto que Rafa decidió mencionarme en la canción ‘Serpentina vallenata’, de Alberto «Beto» Murgas, con el saludo: «¡Óscar Palmera con bastante oro!».

Cuando Fernando López, promotor de Codiscos, llegaba a Valledupar con los primeros LP, me los entregaba en el Hotel Sicarare. Desde allí los distribuía a las emisoras Radio Valledupar, Radio Reloj, La Voz del Cesar, Radio Guatapurí y Ondas de Macondo, donde comenzaban a sonar para los oyentes.

En 1982, con la creación del Consulado de Venezuela en Valledupar, Rafa me gestionó una visa por 15 días y viajamos a Maracaibo. Tras una exitosa gira regresamos a Valledupar. En 1983 nos otorgaron una visa por 30 días y, estando en Venezuela, me reencontré con un hermano al que tenía años sin ver. Decidí quedarme a estudiar en la Universidad Católica de San Cristóbal, estado Táchira, lo que ocasionó que perdiéramos contacto por cerca de ocho años.

Un día, un señor llegó a la matera (finca o hacienda) donde yo vivía y preguntó por mi nombre. Al escuchar que yo era Óscar Palmera, comentó que tenía una cinta (casete) donde el cantante del Binomio de Oro me mencionaba en la canción de Tomás Darío Gutiérrez, Voz de acordeones: «Un recuerdo para mi amigo de oro, Óscar Palmera».

Aquello me llenó de emoción debido a que Rafa demostró una lealtad incomparable. Supe entonces que se presentaba en Maracaibo y de inmediato viajé para reencontrarme con él. Los abrazos estuvieron cargados de alegría y afecto. Desde ese momento lo acompañé a presentaciones en Caracas, Valencia, San Cristóbal, Barinas, Maracaibo, Puerto Ordaz y Ciudad Bolívar, en el oriente venezolano. Luego vino otro saludo en ‘El llanto de un rey’, autoría de Chiche Maestre, producción para Venezuela bajo el sello Fonográfica, donde dice: «Licenciado José Miguel Méndez y mi compadre de oro, Óscar Palmera». Rafa siempre me mencionó de manera desinteresada, sin que yo se lo pidiera; siempre fue una manifestación de aprecio y gran afecto.

El 21 de julio de 1990 nació en Mérida, Venezuela, mi primera hija, Jhanna Paola Palmera Duarte, y Rafa se convirtió en mi compadre de sacramento al bautizarla el 25 de diciembre en la iglesia de La Paz, Cesar, por el padre Francisco, conocido como el «Padre Pachito». Regresé a Venezuela a principios de enero de 1991.

En 1992 Rafa regresó para cumplir sus acostumbradas y exitosas presentaciones, a las cuales lo acompañé. El antepenúltimo concierto lo realizó en Maracaibo, en el Hotel El Paseo. Luego compartimos por última vez en Ciudad Ojeda, en el Club de la Petrolera. Allí nos despedimos. Partió hacia Cúcuta y realizó su última presentación en Pamplona, Norte de Santander, en el Hotel Cariongo.

Posteriormente viajó a Barranquilla, donde el 11 de junio, a las 10 de la noche, ocurrió el fatídico suceso que le arrebató la vida. Con Rafael José Orozco Maestre murió también la voz que le dio identidad al Binomio de Oro. Treinta y tres años después, Rafa sigue vivo en la memoria del pueblo, en sus canciones y en el corazón de quienes tuvimos el honor de llamarnos sus amigos.

Lic. Óscar Palmera Meza

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