Mucho lo pensé para escribir este artículo que encierra sentimientos profundos y recuerdos imborrables sobre el inolvidable y querido Rafael José Orozco Maestre. Treinta y tres años después de su partida, vuelvo la mirada atrás para reflejar los momentos que compartimos desde que forjamos una amistad sincera, integrada en una hermandad de vida junto a un grupo de amigos leales.
Lea: De Chiche Guerra al Morocho
La década de los años setenta fue significativa para Rafael y también para quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos. En marzo de 1972, en plena flor de la juventud, participé en un intercambio deportivo futbolístico intercolegiado en el Colegio Nacional Loperena de Valledupar. Jugamos en equipos diferentes y el equipo de Rafa derrotó al nuestro dos goles a uno. Rafael, además de buen futbolista, cumplía funciones de capitán. Hoy esos gratos momentos llegan a mi mente como si el tiempo no hubiera corrido.






