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Especial - 29 enero, 2021

En Santa Cecilia reclaman reparación total a 21 años de la masacre

En el corregimiento de Santa Cecilia, jurisdicción del municipio de Astrea, piden mayores oportunidades para tratar de olvidar la masacre a manos de las AUC que dejó a 13 personas muertas.

Posterior a la masacre el 90 % del pueblo abandonó el territorio.

FOTO/CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA
Posterior a la masacre el 90 % del pueblo abandonó el territorio. FOTO/CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA

Han pasado 21 años desde que el frente Juan Andrés Álvarez del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, realizó una terrible incursión en el corregimiento de Santa Cecilia, jurisdicción del municipio de Astrea, en el centro del Cesar.

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Fue un 28 de enero de 2000 cuando al menos 60 hombres armados, bajo el mando de Jhon Jairo Esquivel Coronado, alias ‘El Tigre’, llegaron en la madrugada y se adueñaron del pueblo.  Se apostaron en la única vivienda de dos pisos; unos prestaban vigilancia, otros jugaban billar y a las mujeres les dijeron que hicieran sancocho.

Pero antes de esto con una lista en mano y dirigidos por un conocedor de cada lugareño fueron entrando casa por casa y los obligaron a salir a todos a la calle principal.  Estando ahí escogieron a 13 personas a quienes amarraron desde las 2:00 de la madrugada y a las 3:00 de la tarde las fusilaron.

Santa Cecilia sigue siendo un pequeño pueblo donde las personas recuerdan cómo en la época de la masacre vivían de la pesca en el río Cesar.  Sin embargo, luego de ese día el 90 % de sus habitantes al menos 350 familias abandonaron su territorio.

Algunos ya han regresado, pero otros no.  No resisten volver a este lugar al que aún recuerdan el olor a pólvora y sangre que quedó ese 28 de enero de 2000.

Luis Roberto Vargas Caro relató que si bien es cierto es un pueblo que ha vivido de la pesca hoy no lo pueden hacer porque el río Cesar está totalmente sedimentado, enfatizando que el Estado aún tiene deudas con todas las víctimas de ese temible conflicto armado en Santa Cecilia.

“La reparación aún no se ha completado porque no se trata que venga la MAPP-OEA o alguna otra organización de Derechos Humanos a hacer presencia a realizar charlas;  hace falta la presencia del Estado en cuanto a las oportunidades para un cambio verdadero”, dijo este lugareño quien para la fecha de la masacre tenía 31 años y vio cómo los cuerpos de las víctimas quedaron unos encima de otros como ‘sacos de papas’.

Aquí hace falta que se recupere la parte ecológica como el río Cesar que está totalmente sedimentado y ya no se pesca. Como víctimas estamos ‘maniatados’ porque tuvimos el valor de  volver y continuar en la zona y otras muchas no han regresado, pero hace falta que el corregimiento sea más autosostenible. No hay políticas públicas para que el pescador tenga otras opciones como la piscicultura, no hay apoyo sobre eso y eso ha hecho que exista un nuevo desplazamiento porque muchos se han vuelto a ir en busca de un mejor vivir”, relató Vargas Caro.

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Este pueblo carece de alcantarillado, agua potable, energía eléctrica en óptimas condiciones, un puesto de salud digno, vías de acceso, entre otras necesidades.

Santa Cecilia es uno de los corregimientos de Astrea. FOTO/ALCALDÍA DE ASTREA.

“NO FUÍ CAPAZ DE TOMAR UNA FOTOGRAFÍA”

Luis Roberto Vargas Caro relató que desde muy joven se dedicó a la fotografía. Recordó que la noche antes de la masacre el pueblo estaba en calma. En una de las casas se reunieron varios de sus habitantes para conversar sobre las fiestas patronales que como todos los años se celebran el 19 de marzo y para esa fecha no tenían nada preparado.

Luego me fui para la casa. Al día siguiente debía ir a Astrea para realizar unas fotografías en un matrimonio, pero cuando voy en camino un hermano me alcanzó y me dijo que me regresara porque las cosas no estaban bien en el pueblo, que tenían amarrado a un personal. Inmediatamente me regresé y llegué a la casa, ya que al pueblo lo tenía sitiado el grupo armado.  Una persona con discapacidad logró escaparse y ahí entendí el por qué los pescadores no habían llegado esa mañana al río. Después del almuerzo creí que ya se habían ido y me fui por toda la orilla del río para ver qué lograba ver, pero cuando me quise dar cuenta yo también estaba rodeado y me hicieron muchas preguntas”, relató.

Como de costumbre llevaba una mochila arhuaca en la que siempre estaba su cámara fotográfica. “Yo les pregunté a qué se debía esa incursión y me dijeron que era porque este era un pueblo que apoyaba a la guerrilla.  Luego que me interrogaron seguí al pueblo y cuando voy por las primeras casas una comadre me dice que entrara, ella estaba aterrada, ya tenían a las 13 personas amarradas.  Cuando ellos ven que yo no llego al sitio donde tenían a las personas amarradas se me acercaron y me hicieron otro interrogatorio, me revisaron la mochila y se quedaron con unos almanaques que ahí tenía.  Nunca fui capaz de sacar mi cámara de fotografía y hacer una foto, lo pude haber hecho, pero no publicarlas porque de lo contrario fuera hombre muerto”, describió.

Asimismo recordó que hubo un señor que cuando le fueron a disparar a la hija se fue encima del verdugo y lo empujó, en ese instante hubo un cese de disparos, pero rápidamente un ‘para’ le disparó a este señor que no estaba amarrado.

Luego del fusilamiento todo fue muy aterrador, la gente salió de sus casas y rodeó los cadáveres, uno sabía quiénes eran porque todos éramos lugareños, pero no por ver sus rostros porque estos quedaron destrozados; los hombres armados usaron varios tipos de armas, entre estos fusil. Eran escenas aterradoras en un pueblo tan pequeño, había personas que intentaban calmar al pueblo.  Salí aterrado a mi casa.  La fuerza pública llegó en horas de la noche”, puntualizó.

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LISTADO DE VÍCTIMAS

Néstor Ortega (inspector de Policía), Eulises Coronado García, Eulises Coronado Vidal (expresidente de la Junta de Acción Comunal), Darwin Salcedo (profesor), Rosa Elvira Rojas, Humberto Marín (exinspector de Policía), Luz Aída Marín (presidenta de hogares ICBF), Luis Lafourie Peñaloza, José Barrera, Eusebio Acuña, Ernesto Ortega Iturriales, Libardo Ortega Durán, y José Gregorio Barrera Andrade fueron las víctimas.

RESPONSABLES

Uno de los responsables de cometer este macabro crimen fue Jhon Jairo Esquivel Cuadrado, alias ‘El Tigre’ quien militó en el frente Juan Andrés Álvarez del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, siendo reclutado a mediados del año 1997 en Valencia – Córdoba, por alias ‘Doble Cero’ y entregado a alias ‘Papayón’ en una finca denominada Mata de Indio, cerca de Cuatro Vientos, jurisdicción del corregimiento de El Paso, Cesar.

Para el mes de junio del año 1997 dicho frente tenía como comandante a alias ‘Daniel’ y este a su vez recibía las órdenes de Santiago Tobón. En el mes de diciembre del año 1998, alias ‘Daniel’ fue asesinado, en ese momento Rodrigo Tovar Pupo, conocido con el alias de ‘Jorge 40’, le ordena que se ponga al frente de ese grupo paramilitar, fungiendo como comandante hasta el momento de su captura, ocurrida el 19 de julio del año 2000.

Posteriormente en el año 2013, fue condenado a 38 años de prisión como responsable de los delitos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado y agravado. Sin embargo, tras acogerse a Justicia y Paz solo pagó 8 años.

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Otro de los paramilitares requerido por la justicia es Víctor Manuel Hernández Ramos, alias ‘Sabañón’, integrante del Bloque Norte de las Autodefensas, quien el 2013 fue capturado por la Fiscalía por  presunta participación en la masacre.

POR MILAGRO SÁNCHEZ FLÓREZ/ EL PILÓN.