CRÓNICA

En este país de pícaros: un cuento de Semana Santa

Era la hora en que el pueblo moría devorado por su propio silencio. La brasa del sol señoreaba su ardentía en lo más arriba del cielo dando rebrillo en las hojas de los árboles como presagio de las lluvias que vendrían en abril.

Añadir como fuente preferida en Google
En este país de pícaros: un cuento de Semana Santa

En este país de pícaros: un cuento de Semana Santa

canal de WhatsApp

Era la hora en que el pueblo moría devorado por su propio silencio. La brasa del sol señoreaba su ardentía en lo más arriba del cielo dando rebrillo en las hojas de los árboles como presagio de las lluvias que vendrían en abril. De rato en rato, como único vestigio de vida, con desgarradora tristeza trepidaba el vibrato de un rey de gallinero, respondido al instante por la garganta de otros gallos por allá en los últimos patios.

Era la primera tarde. De repente, en ese pueblo tullido de aburrimiento, se escuchó en la calle el ruido de pisadas afanosas. Cuatro policías arreaban a trece adultos que vestían la túnica amoratada de los penitentes de la Hermandad de Jesús.

La acusación era feísima. Se supo que, cuando terminaba la procesión de la noche anterior, unos nazarenos se habían cargado una arroba de carne tasajeada que estaba tendida sobre una cuerda en el patio de la Policía. Un chivato había dado el dato del traspatio donde se fogateaban las pencas del robo.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

Temas tratados

TE PUEDE INTERESAR