13 junio, 2020

El Cesar fracasó en la lucha contra la pobreza: ¿década perdida?

Al igual que a nivel nacional, en el departamento se presentaron significativos avances sociales en lo que va del siglo. Pero en la última década, no solo se frenó el tren, sino que se retrocedió en el Cesar en materia de pobreza y desempleo. Urgen reformas.

FOTO/JOAQUÍN RAMÍREZ.

Después de la protección de la vida, en medio de la pandemia del coronavirus los gobiernos han centrado sus estrategias en la batalla contra la pobreza. En este caso, el partido no se puede ganar pero la idea es no perderlo por goleada: casi todas las proyecciones económicas marcan que la línea de crecimiento de los países irá en picada, mientras que la línea de pobreza, al contrario, escalará varios puntos.

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A nivel regional, lo más preocupante es que antes de la pandemia, en el Cesar esa batalla se venía perdiendo. O no se estaba dando.

Como cuenta la Universidad de los Andes, los progresos en reducción de pobreza en Colombia, en el siglo XXI, han sido considerables. Las cifras del Dane marcan que para 2002 la proporción de la población por debajo de la línea de pobreza monetaria era del 49,7 % y para 2018 se había reducido a 27 %. “Esta reducción se refleja en cambios en los indicadores de desigualdad si bien sigue en niveles altos”, aclara.

En el Cesar también se dieron grandes avances durante lo corrido del siglo XXI. Compaginado con la dinámica nacional y factores internos, en 16 años el departamento pasó de tener el 61,9 % de la población por debajo de la línea de pobreza monetaria al 42,9 % en 2018. Eso significa una reducción de 19 puntos porcentuales: un promedio de 1,18 % por año. A nivel nacional la reducción fue de 22,7 %.

¿DÉCADA PERDIDA?

Desde ese punto de vista, el Cesar presenta progresos innegables. Sin embargo, cuando se miran los últimos diez años las cifras preocupan porque no solo se retrocedió en la lucha contra la pobreza, sino que incluso aumentó para el último año que se realizó la medición (2018).

Alguna vez alguien la calificó como la década perdida: de 2002 a 2010 el Cesar logró sacar de la pobreza a un 8,3 % de su población, pero desde el 2011 al 2018 la reducción fue solamente de 4,7 puntos porcentuales.

A eso se le suma que respecto al 2017 (40,7 %), en el 2018 la pobreza escaló hasta el 42,9 %, la cifra más alta desde el 2013 (44,8 %).

Ese porcentaje del 2018 significa que más de 515.000 cesarenses viven bajo la pobreza, calculando que según el Dane para ese año el departamento tenía 1.200.574 habitantes.

Aunque parezca egoísta, si se realiza un paralelo con el porcentaje nacional, el departamento está 10 años atrasado en materia social. De allí que el porcentaje poblacional que sobrevive sin las condiciones necesarias sea 15,9 puntos porcentuales encima del promedio nacional.

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Y si se aplica la relación más desempleo igual a más pobreza, el 2019 fue otro año de retroceso social para el Cesar, tal como lo será el 2020 (pero esta vez por la pandemia). Lo anterior porque según el Dane, la tasa de desempleo del año pasado fue de 13,2 %, lo que significóun aumento de 2,5 puntos porcentuales respecto al 2018 y se convirtió en el incremento más alto de los últimos 14 años.

Esa variación significó que en el 2019 hubo 10.820 desempleados más que en el 2018. Aún sin determinar, seguramente muchas de esas familias que perdieron su empleo ingresaron a la pobreza.

“(En el Cesar) hay falta de planeación de la inversiones en las necesidades más sentidas de la población. No se invierte en lo que se requiere. Se despilfarran muchos recursos. Se ven los ejemplos de parques, plazas y escenarios inconclusos. Cantidad de contratos innecesarios. De otra parte hay colegios desbaratándose, mal  servicio de acueductos, pésimas vías terciarias. Estas últimas inversiones son las que disminuyen pobreza y no se ven y eso que no hemos hablado de malversación de fondos y corrupción”, sostuvo el economista Fernando Herrera.

Pero, ¿qué significa vivir bajo la línea de pobreza monetaria? Esta cifra se construye a partir de la medición del ingreso per cápita corriente de la unidad de gasto, es decir, el ingreso corriente de un hogar dividido por el total de integrantes de la misma, y se compara con el costo monetario de adquirir una canasta de bienes alimentarios y no alimentarios mínimos para la subsistencia.

La  línea de pobreza monetaria nacional del año 2018 fue de $257.433 pesos. De esta manera, la población cuyo ingreso per cápita de la unidad de gasto se encuentra entre $0 y $257.433 pesos, corresponde al 27 % de la población colombiana y el 42,9 % de la población cesarense que vive en situación de pobreza. 

QUE NO REGRESEN

Luego de casi tres meses de cuarentena, los resultados macroeconómicos marcan las peores cifras en lo que va del siglo, por ejemplo, un desempleo del 19,8 % en abril, el cual significó que casi 5 millones de colombianos quedaron sin empleo.

El mayor problema es que, como señalan investigadores de los Andes, “la alta incidencia de la informalidad y el ‘cuentapropismo’ característicos de los hogares de ingreso medio bajo en el mercado laboral”, explica la fragilidad de sus fuentes de ingresos ante choques económicos. Lo anterior se refiere a aquellos hogares que no son pobres por un trabajo y en los últimos meses 5 millones de colombianos perdieron su empleo o dejaron de estar ocupados. De esa alarmante cifra aún se desconoce cuántos regresarán a la pobreza.

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Se  afectaron los empleos, y los informales no tuvieron dónde ‘rebuscarse’. La pobreza va a aumentar. Hay que decir que más desempleo es igual a más pobreza; en eso Valledupar y el Cesar van en los primeros puestos lamentablemente”, señaló el economista Fernando Herrera, director del Centro de Estudios Regionales del Cesar, Cesore.

Como el Dane entrega solo las cifras de desempleo en las capitales, la referencia de Valledupar señala que de marzo a abril, casi de golpe, 13.715 personas dejaron de estar ocupadas en Valledupar.

Este problema golpeará principalmente a aquellas familias del departamento donde hay dependencia económica y los ingresos constantes provienen de la informalidad. En el primer caso es un indicador indirecto que se aplica sobre los niveles de ingreso y clasifican las viviendas en las cuales haya más de tres personas por miembro ocupado. Una vez el jefe pierde el trabajo esta familia pierde su principal y único ingreso.

Y si se mira la informalidad en la ciudad o fragilidad económica, como señalan los investigadores, resulta que en Valledupar el 60 % de los trabajadores viven del día a día con el riesgo de regresar a la pobreza.

¿Cómo evitar ese retroceso? Para el economista José Larrazábal el margen de maniobra de los gobiernos departamentales y municipales no es muy grande en tema de desempleo y pobreza.

Hay medidas del Gobierno nacional que se pueden replicar. El tema de ayudas tributarias al sector productivo es importante porque hay que buscar que no se deteriore el empleo. Se sabe que en la medida que siga aumentando el desempleo habrá un margen más grande para que aumente la desigualdad y la pobreza”, señaló el analista Larrazábal.

Por su lado, el economista Fernando Herrera llamó al gobierno departamental a despertar. “Aparte de dar los datos de contagiados, ¿qué más está haciendo la Gobernación para atender la pandemia? ¿Ya realizó un plan para redireccionar las regalías en inversiones ‘pro-empleo’ y ‘pro-pobres’? ¿Ya repensó el Plan de Desarrollo? ¿Ya conversó y les facilitó a las mineras inversiones de obras por impuestos? ¿Cuántos proyectos presentó al OCAD Paz para acceder a recursos por tener 8 municipios PDET en el departamento? La impresión que tenemos muchos cesarenses es que allí siguen como si no hubiese una emergencia y no hay ninguna dinámica”, cuestionó el economista.

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En últimas, queda claro que se debe trabajar no solo para preservar la vida de los cesarenses, sino para no perder los avances sociales de los últimos 20 años, logros que también salvaron vidas reduciendo la pobreza, la desnutrición, el hambre, entre otros. Pero ese trabajo debe empezar con una reforma porque lo que se viene haciendo desde los gobiernos departamentales y municipales no ha dado resultados esperados, como lo muestran las cifras.

Por Deivis Caro Daza defancaro1392@gmail.com