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Informe - 5 mayo, 2021

“El cerro de Hurtado es un santuario que no se debe destruir”: Mesa del Árbol

El colectivo ambientalista alertó sobre la importancia de conservar este importante ecosistema en la ciudad.

El cerro de Hurtado está ubicado en el norte de Valledupar. 
Foto: Joaquín Ramírez.
El cerro de Hurtado está ubicado en el norte de Valledupar. Foto: Joaquín Ramírez.
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Miembros del colectivo ambientalista la Mesa del Árbol elaboraron un informe investigativo y documentado acerca de la importancia ecosistémica y biológica del cerro de Hurtado de Valledupar, el cual en los últimos meses se ha visto afectado por la posible construcción de viviendas y, en temporada de sequía, por incendios forestales; no obstante, por estos días ha tenido un cambio propio de la naturaleza, está florecido como efecto de las torrenciales lluvias que han caído en la ciudad. 

Cabe recordar que este es un bosque seco tropical que está ubicado en el norte de Valledupar, el cual también es llamado cerro de Cicolac por estar situado justo al lado de la fábrica procesadora de leche, antiguamente conocida con este nombre.  

Su extensión es de 37 hectáreas, en las que se encuentran diversidades de flora como la ceiba majagua, icaco montañero, diversas variedades de cactus, cañahuates, puys, robles, macurutú, brasil, dividivis, corazón fino, guamachos, carretos, bálsamos, entre otros. 

Los autores del estudio, Myriam Rodríguez, licenciada en biología; Sonia Camargo, ingeniera forestal; y Rodolfo Quintero, ingeniero agrónomo, señalaron que en cuanto a la fauna se han detectado más de setenta especies de aves, entre ellas: azulejos, loros, cucaracheros, canarios, turpiales, toches, pericos, garrapateros, oropéndolas, tucanes, alcaravanes, palomas, pavas guacharacas. Y numerosos animales terrestres como armadillos, ardillas, conejos, culebras, iguanas, lagartijas, zorros, monos aulladores, entre otros.

Lea también: Interponen acción popular en defensa del cerro de Hurtado

Dicho colectivo, a través de sus investigaciones, ha concluido que el cerro de Hurtado es un reservorio de biodiversidad en el casco urbano de Valledupar que, dado su sorprendente buen estado de conservación, envidiaría a cualquier ciudad del mundo. Hace parte del sistema montañoso de la Sierra Nevada de Santa Marta y está conectado con la cuenca aportante al río Guatapurí, al que vierte sus aguas de drenaje y escorrentía en la época de lluvias, incrementando el caudal del río y el volumen de su descarga en el río Cesar, lo que favorece la dilución de las sustancias contaminantes vertidas por las lagunas de oxidación. 

Su suelo pedregoso es pobre; no obstante, su fuerte pendiente ha desarrollado altos niveles de porosidad que le permite ser el sostén de una variada flora (conformada por árboles, arbustos, cactáceas y gramíneas) adaptada a ese frágil ecosistema.

Su vegetación la conforman especies que demuestra resiliencia y resistencia a eventos extremos como sequías prolongadas, algunas veces de hasta 6 meses, no solo con fuertes temperaturas sino con un alto déficit hídrico. 

Una característica que cobra gran relevancia para la investigación científica si se tiene en cuenta que a nivel nacional, regional y local se están enfrentando veranos más prolongados y rigurosos a causa del calentamiento global, lo cual hace apremiante identificar especies funcionales que se adapten a los nuevos desafíos agrícolas que nos impone el cambio climático.

La Mesa del Árbol concluyó que la gran amenaza para el cerro como se mencionó anteriormente es la construcción de viviendas en la manzana F de la urbanización Santa Rosalía en una extensión de terreno de una hectárea y doscientos metros cuadrados. 

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“Es obvio que no se trata solo de la construcción de viviendas en algo más de una hectárea del cerro de Hurtado. Para nadie es una novedad que este será solo el comienzo de la urbanización de todo el cerro y el atentado contra otros ecosistemas estratégicos de la ciudad y la destrucción de su biodiversidad para reemplazarla por calles, casas, edificios, cemento y ladrillo en una ciudad que no tiene escasez de predios urbanizables”, refirió el colectivo. 

Destacó que entre los impactos más relevantes de la construcción de viviendas es que este es un ecosistema en vías de extinción al ser una de las pocas muestras representativas y relictas que hoy quedan; someterlo al estrés de la construcción de viviendas es garantizar su destrucción. “Un error imperdonable y una equivocación irreparable que nos convertirá en los promotores de un desarrollo urbano anacrónico”, explicaron. 

Igualmente recordaron que este cerro fue declarado por el Concejo Municipal de Valledupar en el acuerdo 032 de 1996 como reserva ecológica y patrimonio natural de la ciudad.

“Destruirlo, talar sus árboles, así sea parcialmente, pone en peligro la biodiversidad de ese remanente de bosque seco tropical y uno de los hábitats urbanos más importante del ‘azulejo azul’, bello pájaro de la región conocido como el ‘azulejo vallenato’ (Thraupis glaucocolpa)”, consideró el colectivo. 

DESCONOCIMIENTO DE CORPOCESAR 

El informe de la Mesa del Árbol sostiene que el informe de la Corporación Autonóma Regional del Cesar, Corpocesar, emitido el 18 de enero de 2021, que indicó que no se encontró ningún impacto ambiental significativo y que lo que había era un rastrojo, a manera peyorativa para dar a entender su insignificancia ecológica, es una “enorme equivocación”

Lea también: Denuncian presunta intervención irregular sobre la margen derecha del río Guatapurí

“Corpocesar parece ignorar que ese ‘rastrojo’ es la expresión de la sucesión ecológica natural que ocurre dentro del ecosistema del cerro de Hurtado. La autoridad ambiental, con dicho pronunciamiento técnico, ha certificado la supuesta irrelevancia del cerro, ha renunciado a su deber misional de proteger el ambiente y los recursos naturales y ha dado su visto bueno para que el interés privado destruya el cerro y, con él, la sostenibilidad ambiental y el bienestar de la ciudad”, añadieron. 

Igualmente sostienen que Corpocesar, sin apoyarse en rigurosos estudios ambientales, concluyó que no se afectó el medio biótico y abiótico con las actividades de adecuación del terreno a pesar de la evidente tala de árboles, la remoción de capa vegetal (flora) y la excavación y retiro del suelo, ignorando las características, funcionalidad e importancia del bosque seco tropical. 

“Una conducta extraña en una autoridad ambiental que debe proteger el recurso natural por encima de cualquier otra norma y que está obligada a cumplir con la legislación ambiental y la constitución nacional. Una posición inaceptable que muestra parcialidad y connivencia con los intereses de la firma constructora y de la propietaria del predio”, subrayó La Mesa de Árbol. 

Por último, indicaron que la  protección ambiental del cerro de Hurtado no debe depender del cumplimiento de la legislación urbanística de Valledupar por parte de los propietarios de la manzana F, ni aunque el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, permita su urbanización porque no se está ante la construcción de viviendas en un predio  cualquiera de la ciudad. Se trata de un área de especial importancia ecológica: un cerro con un ecosistema estratégico de bosque seco tropical en vías de extinción. Se trata de la supervivencia de un bosque urbano que es también un referente cultural en la vida de los vallenatos.

Informe
5 mayo, 2021

“El cerro de Hurtado es un santuario que no se debe destruir”: Mesa del Árbol

El colectivo ambientalista alertó sobre la importancia de conservar este importante ecosistema en la ciudad.


El cerro de Hurtado está ubicado en el norte de Valledupar. 
Foto: Joaquín Ramírez.
El cerro de Hurtado está ubicado en el norte de Valledupar. Foto: Joaquín Ramírez.
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Miembros del colectivo ambientalista la Mesa del Árbol elaboraron un informe investigativo y documentado acerca de la importancia ecosistémica y biológica del cerro de Hurtado de Valledupar, el cual en los últimos meses se ha visto afectado por la posible construcción de viviendas y, en temporada de sequía, por incendios forestales; no obstante, por estos días ha tenido un cambio propio de la naturaleza, está florecido como efecto de las torrenciales lluvias que han caído en la ciudad. 

Cabe recordar que este es un bosque seco tropical que está ubicado en el norte de Valledupar, el cual también es llamado cerro de Cicolac por estar situado justo al lado de la fábrica procesadora de leche, antiguamente conocida con este nombre.  

Su extensión es de 37 hectáreas, en las que se encuentran diversidades de flora como la ceiba majagua, icaco montañero, diversas variedades de cactus, cañahuates, puys, robles, macurutú, brasil, dividivis, corazón fino, guamachos, carretos, bálsamos, entre otros. 

Los autores del estudio, Myriam Rodríguez, licenciada en biología; Sonia Camargo, ingeniera forestal; y Rodolfo Quintero, ingeniero agrónomo, señalaron que en cuanto a la fauna se han detectado más de setenta especies de aves, entre ellas: azulejos, loros, cucaracheros, canarios, turpiales, toches, pericos, garrapateros, oropéndolas, tucanes, alcaravanes, palomas, pavas guacharacas. Y numerosos animales terrestres como armadillos, ardillas, conejos, culebras, iguanas, lagartijas, zorros, monos aulladores, entre otros.

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Dicho colectivo, a través de sus investigaciones, ha concluido que el cerro de Hurtado es un reservorio de biodiversidad en el casco urbano de Valledupar que, dado su sorprendente buen estado de conservación, envidiaría a cualquier ciudad del mundo. Hace parte del sistema montañoso de la Sierra Nevada de Santa Marta y está conectado con la cuenca aportante al río Guatapurí, al que vierte sus aguas de drenaje y escorrentía en la época de lluvias, incrementando el caudal del río y el volumen de su descarga en el río Cesar, lo que favorece la dilución de las sustancias contaminantes vertidas por las lagunas de oxidación. 

Su suelo pedregoso es pobre; no obstante, su fuerte pendiente ha desarrollado altos niveles de porosidad que le permite ser el sostén de una variada flora (conformada por árboles, arbustos, cactáceas y gramíneas) adaptada a ese frágil ecosistema.

Su vegetación la conforman especies que demuestra resiliencia y resistencia a eventos extremos como sequías prolongadas, algunas veces de hasta 6 meses, no solo con fuertes temperaturas sino con un alto déficit hídrico. 

Una característica que cobra gran relevancia para la investigación científica si se tiene en cuenta que a nivel nacional, regional y local se están enfrentando veranos más prolongados y rigurosos a causa del calentamiento global, lo cual hace apremiante identificar especies funcionales que se adapten a los nuevos desafíos agrícolas que nos impone el cambio climático.

La Mesa del Árbol concluyó que la gran amenaza para el cerro como se mencionó anteriormente es la construcción de viviendas en la manzana F de la urbanización Santa Rosalía en una extensión de terreno de una hectárea y doscientos metros cuadrados. 

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“Es obvio que no se trata solo de la construcción de viviendas en algo más de una hectárea del cerro de Hurtado. Para nadie es una novedad que este será solo el comienzo de la urbanización de todo el cerro y el atentado contra otros ecosistemas estratégicos de la ciudad y la destrucción de su biodiversidad para reemplazarla por calles, casas, edificios, cemento y ladrillo en una ciudad que no tiene escasez de predios urbanizables”, refirió el colectivo. 

Destacó que entre los impactos más relevantes de la construcción de viviendas es que este es un ecosistema en vías de extinción al ser una de las pocas muestras representativas y relictas que hoy quedan; someterlo al estrés de la construcción de viviendas es garantizar su destrucción. “Un error imperdonable y una equivocación irreparable que nos convertirá en los promotores de un desarrollo urbano anacrónico”, explicaron. 

Igualmente recordaron que este cerro fue declarado por el Concejo Municipal de Valledupar en el acuerdo 032 de 1996 como reserva ecológica y patrimonio natural de la ciudad.

“Destruirlo, talar sus árboles, así sea parcialmente, pone en peligro la biodiversidad de ese remanente de bosque seco tropical y uno de los hábitats urbanos más importante del ‘azulejo azul’, bello pájaro de la región conocido como el ‘azulejo vallenato’ (Thraupis glaucocolpa)”, consideró el colectivo. 

DESCONOCIMIENTO DE CORPOCESAR 

El informe de la Mesa del Árbol sostiene que el informe de la Corporación Autonóma Regional del Cesar, Corpocesar, emitido el 18 de enero de 2021, que indicó que no se encontró ningún impacto ambiental significativo y que lo que había era un rastrojo, a manera peyorativa para dar a entender su insignificancia ecológica, es una “enorme equivocación”

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“Corpocesar parece ignorar que ese ‘rastrojo’ es la expresión de la sucesión ecológica natural que ocurre dentro del ecosistema del cerro de Hurtado. La autoridad ambiental, con dicho pronunciamiento técnico, ha certificado la supuesta irrelevancia del cerro, ha renunciado a su deber misional de proteger el ambiente y los recursos naturales y ha dado su visto bueno para que el interés privado destruya el cerro y, con él, la sostenibilidad ambiental y el bienestar de la ciudad”, añadieron. 

Igualmente sostienen que Corpocesar, sin apoyarse en rigurosos estudios ambientales, concluyó que no se afectó el medio biótico y abiótico con las actividades de adecuación del terreno a pesar de la evidente tala de árboles, la remoción de capa vegetal (flora) y la excavación y retiro del suelo, ignorando las características, funcionalidad e importancia del bosque seco tropical. 

“Una conducta extraña en una autoridad ambiental que debe proteger el recurso natural por encima de cualquier otra norma y que está obligada a cumplir con la legislación ambiental y la constitución nacional. Una posición inaceptable que muestra parcialidad y connivencia con los intereses de la firma constructora y de la propietaria del predio”, subrayó La Mesa de Árbol. 

Por último, indicaron que la  protección ambiental del cerro de Hurtado no debe depender del cumplimiento de la legislación urbanística de Valledupar por parte de los propietarios de la manzana F, ni aunque el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, permita su urbanización porque no se está ante la construcción de viviendas en un predio  cualquiera de la ciudad. Se trata de un área de especial importancia ecológica: un cerro con un ecosistema estratégico de bosque seco tropical en vías de extinción. Se trata de la supervivencia de un bosque urbano que es también un referente cultural en la vida de los vallenatos.