“Viejo Valledupar
si te volviera a ver
como tú fuiste ayer
típico y colonial
Casitas de bahareque
con sus palmas caladas
hojas de calicanto
y sus tejas colorada…”
Así suenan las letras que compuso Rodolfo Bolaño para retratar a la capital de los Santos Reyes. El escenario por excelencia que enmarca la magia del vallenato, se baña con las cristalinas aguas del río Guatapurí y que refresca el templado sol que lo alumbra, con los cientos de árboles que se encuentran plantados entre sus calles. Esta tierra de magia y tradición cumple este fin de semana 469 años como ciudad.
Pero la imagen del Valledupar de hoy dista de lo que en otrora era una ciudad con más o menos 100 mil habitantes, sin servicio de agua, un pequeño acueducto que no cubría todas las necesidades que existían, que no tenía luz sino una planta envejecida y con grandes dificultades porque no tenía comunicaciones con los pueblos, según recuerda el exgobernador en dos ocasiones del departamento del Cesar, Alfonso Araújo Cotes.











