El estruendo ruido del choque de las aguas frías del Guatapurí con las rocas ancladas en su cauce, se convierte en el sonido natural de su entorno.
No hay espacio para la monotonía ambiental. Retumba la onomatopeya del canto de los pájaros, mientras la sombra de un árbol de pereguetano contrasta con el inclemente sol, cuyos rayos caen perpendicularmente entre las aguas que brotan de un pequeño manantial.
Una hectárea y media envuelta en un adornado ecosistema, acompañado del inédito entorno artificial, es el escenario enajenado al vernáculo natural de un lugar que se convirtió en el más adecuado escenario para el contacto con la naturaleza en Valledupar.











