En El Paso se encuentra San Marcos evangelista, una talla antiquísima de madera sólida que lleva a sus pies, un toro y no un león, tal vez porque en esta región nació para América, la ganadería. San Marcos es tan venerado y recordado como Alejo Durán, el cantor que con su complicidad venció a rivales y ganó festivales por todas partes por lo que el músico sabía retribuirlo mencionándolo en muchos de sus cantos. No se sabe cómo ni cuándo llegó a El Paso, lo cierto fue que vino y allí se quedo.
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En lo político, San Marcos, enemigo de la Chiquinquirá, la conservadora imagen de Chiriguaná. San Marcos ayuda a sus amigos. Se recuerda cómo protegía a Pepe Castro para que ganara las elecciones, mientras que los votos de Chiriguaná se los peleaban doña Rosa Batista de la corriente Ospinista y Epigmeneo González, Laureanista. Marcos, a cuya fiesta asistía Pepe, fue su protector electoral. Hoy las cosas han cambiado porque ya Marcos no tiene el aliento de otros tiempos, pocas bolas le paran y pocas piececillas de oro llegan a sus manos. Los promeseros lo engañan. No le cumplen.











