No soy un gurú que vaticina el futuro, tampoco sé qué nos depara esta ciudad después de esta brutal pandemia que devora la insensatez humana. Voy a contar una visión, el Valledupar poscovid-19. Fue una ciudad caótica pero ya nadie circulaba como manada desbocada de burros cimarrones en las sabanas de Los Venados y Camperucho. El tráfico fluía y no había trancones porque la devastadora y colosal pandemia nos educó. Todos respetábamos.
Lee también: ¿Llegó el final del río Guatapurí?
Las avenidas fueron colmadas por un manto verde de guayacanes, carretos y corazón finos. Nacían por todas partes, sus semillas arrastradas por el viento, bandadas de pericos y aves migratorias las esparcían por los bulevares llenos de concreto, fue tanto el querer nacer que entre las juntas de sus adoquines germinaban.











