Cuando Rafael Camacho Sánchez se mudó de Rosario de Chengue para Bálsamo, a principios de siglo XX, era un joven que sabía interpretar el acordeón. Sin embargo, al llegar no fue el único, pues, en ese lugar ya lo hacían los hermanos Porfirio y César Támara Bermúdez. Además, desde finales del decimonónico, allí era usual escuchar el sonido de este instrumento tocado por Candelaria Támara Isaza. Después, se convirtió en sitio donde Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villas, Luis Pitre, Juancho Polo Valencia y Alejandro Durán amenizaban parrandas en tiempos de la Cruz de Mayo.
Con los Támara perfeccionó su estilo musical, del que su hijo, el también acordeonero Donaldo Camacho, dice que era de notas gruesas, lo que sirvió para ser referenciado por Abel Antonio Villa como uno con los que iba a Bálsamo a tocar, y de quien debió aprender algunos trucos para interpretar el acordeón. Es que la casa de estos era el sitio de reunión de los acordeoneros que visitaban a Bálsamo, incluyendo a su hermano, Gilberto Bermúdez Támara.
Esta relación trascendió el plano musical después de que Camacho, tras enviudar se unió maritalmente con una hermana de estos. De su primera relación sentimental quedó una canción, ‘Riqueza no es la plata’, de la que Pacho Rada reclamaba su autoría. Martín, acordeonero, hijo de Rafael, explica que el origen de la composición está en las diferencias que su padre tenía con su suegra, para quien trabajaba como ordeñador. Realizando esta actividad sufrió un accidente en una de sus manos, de lo que se desatendió la empleadora, más no su madre.











